Cabeza borradora

Director:

Título Original: Eraserhead / Año: 1977 /  País: Estados Unidos / Productora: The American Film Institute / Duración: 99 min. / Formato: BN - 1.37:1
Guión: David Lynch / Fotografía: Frederick Elmes / Música: Peter Ivers
Reparto: Jack Nance, Charlotte Stewart, Allen Joseph, Jeanne Bates, Judith Anna Roberts, Darwin Joston, T. Max Graham
Fecha estreno: 19/03/1977 (Filmex Festival) / 28/09/1977 (N.Y.)

Intro
“El deseo de David Lynch es hablar directamente a través de las películas”
David Lynch por David Lynch (Chris Rodley)
 
Con este film primerizo, Lynch se alejó posmodernamente del relato, convirtiendo la película en una emulsión alucinada y glandular a través del absurdo, la atonalidad narrativa y el humor negro. Propone un mundo que no apela a la lógica, y que no debe ser analizado desde la lógica sino desde su capacidad de conmoción subjetivo-seudosurrealista. En ese sentido el director ha sido hermético en cuanto a las interpretaciones, pista de que la respuesta a Erasehead debe ser emocional. Como dice el realizador: “Hay cosas que me parecen muy hermosas y no sé por qué. Algunas cosas tienen sentido y me cuesta explicarlas. Yo sentí Cabeza borradora, no la pensé”.
 
Nosotros, si fuera posible, habríamos de hacer igual.
 
1. Prólogo (el hombre de la palanca)
En el inicio, un planeta (así lo describe Lynch) sobreimpresionado en un cráneo nos invita al viaje subjetivo (fotograma 1 - recurso que posteriormente el realizador emplearía de forma similar con los primeros planos de una oreja en Blue Velvet  - 1986 - como invitación al viaje íntimo). Un mundo propio y particular desciende hasta el parietal. Ése es el escenario: un semisótano de cráteres y aliens flotantes con forma de espermatozoide.
 
Luego aparece el hombre de la palanca (fotograma 2), trasunto, quizás, de demiurgo o hacedor de miedos y cicatrices que acciona el mecanismo de lo psicótico soltando esa larva representativa de lo enquistado y lo grotesco a la charca primigenia del film. Ya tenemos la historia, el núcleo; la concepción. La obsesión de Henry en forma de esperma se materializa en película.
 
El hombre de la palanca volverá al final soltando chispas cuando Henry se libere a tijeretazo limpio. Lo dice Michel Chion: “El planeta, que es la sede de la historia, se rompe como un huevo. El hombre sentado en la palanca intenta en vano impedirlo y el sonido, estridente, se eleva a un paroxismo místico” (1). El mundo oscuro, ese mundo de miedos encerrados en un huevo con forma de planeta, se abre y deja paso a un momento de felicidad. La mujer del radiador aparece entre una bruma lechosa. Se abrazan. Ella ríe. Una pureza arrebatada y deforme cierra la película.
 
2. The Philadelphia Story
Henry pasea por un paraje post-industrial de charcos y tuberías, con bulbos desérticos como circunvoluciones de cerebro llenas de mugre de extrarradio (fotograma 3). El ambiente sonoro es de una envolvente densidad siderúrgica y mecánica.
Lynch vivió en una zona industrial de Filadelfia cerca del depósito de cadáveres, explica Michel Chion. Un laberinto de violencia que pasaría a ocupar una región de su imaginación y su memoria. Cabeza borradora se configura como expresión del recuerdo de aquella ciudad: “es la más violenta, la más degradada, la más enferma, la más decadente… Entrar en esta ciudad es entrar en un océano de miedo”. Ese recuerdo habría de alimentar la atmósfera malsana de la película. Incluso se llegó a rodar una pelea callejera finalmente no incluida en el montaje final.
 
3. Puesta en escena
α) Chion relaciona la sintaxis visual de Lynch con el cine mudo y son frecuentes las referencias a Buster Keaton y a Jacques Tati (cineasta del gusto del propio Lynch). Es cierto que hay algo de ese esquematismo, del uso básico y concreto de la imagen y el montaje. “Cineasta-literal” dice Chion, de “planos-pensamiento”. Una utilización básica del montaje que lo alejan de concepciones estéticas más autorales o intelectualizadas.
 
β) Cuestión distinta es la escenografía, el tratamiento de la fotografía (un blanco y negro con el que arrimarse a la atmósfera de, asegura el propio director, El crepúsculo de los dioses - Billy Wilder, 1950) o el trabajo artesanal de efectos visuales basados en la inventiva y no el dinero: uso del stop-motion, la creación de la criatura, el uso de una sábana negra con efectos de luz detrás de Henry para el tramo ultimo donde su mundo explota, etc.
 
γ) Y, por supuesto, el sonido. Erasehead es un tratado experimental sobre el clima sonoro. Músicas y ruidos, ambiente de calderas, un órgano desubicado… Como lo llama Quim Casas, una “sinfonía mecánica” o, en palabras de Paul A. Woods, efectos de sonido “líquidos”. Una masa de ruido zumba electrificada en la banda sonora. El director lo explica así: “Me fascinan las presencias. Lo que se llama sonido de ambiente… Es una cosa peligrosa, porque en este aparente silencio se pueden aportar sentimientos y se pueden hacer ciertas imágenes de un mundo superior”. De hecho, tras el estreno del film, corrió el extraño rumor de que la banda sonora contenía algo así como ruidos subliminales, inaudibles, que afectaban al espectador.
 
4. Tres mujeres
α) Mary X: Mujer que impone la paternidad, las noches sin dormir, casarse de penalti y la familia política (fotograma 4). El sinsentido matrimonial y paterno-filial. La deconstrucción grotesca de lo familiar como unidad básica que dota de sentido nuestros mundos. Todo, en el fondo, muy cercano. Con un poco de instinto crítico y absurdo de esta vida cotidiana nuestra se pueden ver las costuras si las miras fijamente.
 
β) La vecina sexy o el revolcón de leche tibia: Henry es padre. O sea, padre. Está atado a otro ser por el acto santificado de la procreación. Pero la paternidad es una carga que no te deja retozar a gusto con otras hembras. No te deja ser promiscuo. Te ata, te limita, te roba años. Así cualquier mujer, a Henry-padre, lo mira con desprecio. Porque en él ven la cabeza jibarizada de su hijo sobre el cuerpo de un adulto (fotograma 5). Su flirteo está herido de muerte por su estigma de progenitor.
 
Es evidente la herencia kafkiana a la hora de retratar de esta forma las relaciones humanas y, en general, en la perplejidad metamorfoseada con la que Henry mira lo que le rodea con gesto de cine mudo. Lynch lo reconoce: “es el único artista que siento que podría ser mi hermano”.
 
γ) Lady in the radiator (fotograma 6): Personaje que habita una región fantástica del inconsciente en una esquina de habitación. No hay lugar más confortable ni mejor madriguera que la esquina enmoquetada de una estufa. Un sito para estar solos, detrás del radiador, entre nosotros mismos. La ingenuidad y el pelo blanco conejil. La claridad entre tanta oscuridad. Alguien que pisotea los cigotos y no impone obligaciones a la existencia. Alguien que canta y vive en un escenario. In heaven everything is fine.
 
Fin
Película de culto en su más pura expresión. Independiente y experimental, rodada por cuatro amigos y con problemas económicos.
 
El tiempo y el boca a boca la puso, supongo, en su sitio a través de las más insospechadas recomendaciones (“¿Queréis venir a casa y ver mi película favorita, chicos?“. Stanley Kubrick).
 
Luego vendría lo que vino. Un viaje alucinado cada vez más al fondo de la mente.
 
Bloomsday
© cinema esencial (marzo 2017)
(Reseña original en breviariocinematografico)
 
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(1) David Lynch,  Michel Chion. Paidós Ibérica
 

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VÍDEOS: 
Trailer
puntuación: 
8

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