El último tango en París

Título Original: Ultimo tango a Parigi / Año: 1972 / País: Italia-Francia / Productora: United Artists / Duración: 125 min. / Formato: Color  - 1:75:1
Guión: Bernardo Bertolucci, Franco Arcalli / Fotografía: Vittorio Storaro / Música: Gato Barbieri
Reparto: Marlon Brando, Maria Schneider, Jean-Pierre Léaud, Massimo Girotti, Maria Michi, Catherine Allegret, Giovanna Galletti
Fecha estreno: 14/10/1972 (New York Film Festival)

Los rostros desfigurados de las pinturas de Francis Bacon que aparecen en los créditos iniciales de El último tango en París son premonitorios del mundo en descomposición por el que transita el protagonista, Paul (Marlon Brando). Un universo habitado por seres en proceso de degradación, tal como se evidencia en las siluetas distorsionadas que se nos muestran constantemente a través del lienzo deformante de espejos rotos y cristales translúcidos (fotograma 1 - una imagen que se erigirá en leitmotiv de la película). Atormentado por el inesperado suicidio de su mujer, Paul se refugia en un viejo apartamento en alquiler arrastrando en su proceso de autoinmolación a la joven Jeanne (Maria Schneider), con quien pretende aislarse del mundo exterior y de su propio pasado: “Tu y yo nos vamos a encontrar aquí. Sin saber nada de lo que pase ahí fuera. Vamos a olvidarnos de todo”.
 
Ya en su primer encuentro, durante la visita al apartamento y justo antes de poseerla de manera brutal y prácticamente sin haber mediado palabra, Paul explicita su voluntad de desprenderse de su propia identidad cuando responde una llamada al teléfono con un escueto “Aquí no hay nadie”; y cuando Jeanne regresa al apartamento e intenta averiguar su nombre, la respuesta de Paul será igualmente taxativa: “No tengo nombre. No quiero saber el tuyo. Sin nombres”. En su tercer encuentro, desnudos y abrazados sobre un miserable colchón en medio de la estancia completamente vacía del apartamento, el proceso de deshumanización prosigue con la pareja emitiendo sonoros gruñidos como alternativa al lenguaje verbal (fotograma 2).
 
En contraposición al mundo en descomposición de Paul, el pretendiente de Jeanne, Tom (Jean-Pierre Léaud), construye su propia realidad a través de la ficción con el rodaje de una película sobre la propia Jeanne en la que intenta recrear una idílica visión del amor. “Estamos en una película. ¡Será una historia de amor!”, exclama el director cuando asalta a Jeanne con su equipo de rodaje en plena calle; y, ante las escuetas indicaciones de Tom (“Dime cariño, ¿qué hiciste mientras yo estaba fuera?”), Jeanne actúa: “Pensaba en ti a todas horas y lloraba. Cariño no puedo vivir sin ti”. “¡Corten! ¡Genial!” (fotograma 3).
 
Jeanne bascula por tanto entre la vorágine autodestructiva de Paul y los escenarios de la ficción que Tom construye para su personaje en la película; entre una prematura aceptación de la nada a la que le aboca Paul y el autoengaño que le propone Tom acerca de la idea del amor en el matrimonio: “Popular, esa es la fórmula: para jóvenes populares, ¡matrimonio popular! Pero, ¿qué pasa si los matrimonios populares no funcionan?”, le cuestiona Tom a su prometida en un momento del rodaje; “Entonces los arreglas, como arreglas un coche”, responde Jeanne. Pero ese autoengaño no traspasa ciertos límites que la relación con Paul han prefijado en la joven: “¿Y el amor?”, pregunta Tom con entusiasmo; “No, eso no. El amor no es popular”, sentencia Jeanne resignada.
 
Y el sentimiento de atracción y rechazo hacia Paul será el que provoque a su vez el distanciamiento o acercamiento con relación a Tom: en su cuarto encuentro, y después de que Paul recuerde algunos episodios de su torturada infancia (contraviniendo sus propias normas), Jeanne le relata su primera experiencia sexual, y ante la actitud distante de Paul, estalla: “¿Por qué no me estás escuchando? ¿Por qué me siento como si hablara con una pared? Me pesa tu soledad. Eres un egoísta. Yo también se estar sola”; se tumba boca abajo y empieza a masturbarse, mientras Paul llora desconsoladamente. Más adelante, en su siguiente encuentro, Paul actúa por un instante mostrando su cara más afable, abraza a Jeanne e llega incluso a expresar su alegría (“Creo que soy feliz contigo”), lo que infunde fuerzas a Jeanne para acudir al encuentro de Tom con la intención de anunciarle su ruptura (en una secuencia en la que veremos la imagen ficcionada de Jeanne, desde el punto de vista de Tom, a través de las ventanillas de un tren, exactamente como si la viéramos en los fotogramas de una película – fotograma 4).
 
Pero cuando Jeanne regresa al apartamento, Paul actúa de nuevo de manera violenta e irascible, llevando al límite su radical negación de cualquier forma de amor institucionalizada: “Te voy a hablar de la familia,  esa santa institución ideada para inculcar la virtud entre salvajes. Donde la libertad es asesinada”, sentencia mientras sodomiza brutalmente a Jeanne (fotograma 5), lo que arroja a la joven de nuevo en brazos de Tom, aceptando finalmente su proposición de matrimonio (en pleno rodaje a orillas del Sena y después de lanzar al río un salvavidas con el elocuente nombre de L'Atalante, el magistral poema fílmico al amor de Jean Vigo, que vemos como se hunde irremisiblemente en el agua).
 
“Quieres que ese guerrero te construya una fortaleza para que nunca tengas miedo, ni te sientas sola o vacía”, le advierte Paul a Jeanne cuando ésta acude de nuevo a su encuentro  (“Quería dejarte y no puedo”), y sentencia: “Estas sola, y no te librarás de la sensación de estar sola hasta que no veas la cara de la muerte”. El rostro de la muerte que el propio Paul observa atónito en el cadáver de su esposa (engalanada en el lecho mortuorio como “una falsa Ofelia ahogada en la bañera” – fotograma 6), consumido por la rabia y el dolor, incapaz de comprender la razón de su muerte, y que le hace huir finalmente del escenario en el que convivió con ella (un viejo hotel igualmente en decadencia, refugio de prostitutas y drogadictos) para acudir finalmente en busca de Jeanne y pronunciar por fin las palabras prohibidas (“Quiero saber cómo te llamas”) justo antes de escuchar el disparo sobre la respuesta de Jeanne pronunciando su nombre y desplomarse sin vida en el suelo.
 
David Vericat
© cinema esencial (noviembre 2016)

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puntuación: 
8

Comentarios

Película hermosa y trágica a la vez que en su momento tuvo problemas de exhibición. Lo de Maria Schneider, RIP, que según declarara fue sodomizada en público, en cámara, sin que ella supiera de antemano cómo era la escena, es otra cuestión.

Eso es una versión exagerada de la realidad. Schneider no fue sodomizada, lo que ocurrió es que Bertolucci y Brando idearon esa escena y la rodaron sin que ella supiera lo que iba a ocurrir. Por supuesto, Brando no la sodomiza realmente, pero el impacto fue en todo caso muy fuerte para la actriz, lo que ciertamente pone en entredicho (éticamente) el método del director para consiguir extraer la máxima veracidad de la actriz. Lo explicó la propia Schneider: “Marlon said to me: ‘Maria, don’t worry, it’s just a movie,’ but during the scene, even though what Marlon was doing wasn’t real, I was crying real tears,” she said. “I felt humiliated and to be honest, I felt a little raped, both by Marlon and by Bertolucci. After the scene, Marlon didn’t console me or apologise. Thankfully, there was just one take.” (https://www.independent.co.uk/arts-entertainment/films/features/last-tango-in-paris-butter-rape-scene-maria-schneider-marlon-brando-bertolucci-a7457251.html) Gracias por tu comentario!

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