El confidente

Título Original: Le doulos / Año: 1963 / País: Francia - Italia / Productora: Compagnia Cinematografica Champion - Rome Paris Films / Duración: 108 min. / Formato: BN- 1.66:1
Guión: Jean-Pierre Melville (Novela: Pierre Lesou) / Fotografía: Nicholas Hayer / Música: Paul Misraki
Reparto: Jean-Paul Belmondo, Serge Reggiani, Jean Desailly, Michel Piccoli, René Lefèvre, Carl Studer, Monique Hennessy, Marcel Cuvelier, Philippe Nahon
Fecha de estreno: 18/01/1963 (Roma) / 08/02/1963 (Francia)

"Hay que elegir... ¿morir o mentir?"
 
 
El confidente se inicia con un travelling que presenta al personaje de Maurice (Serge Reggiani), hampón de segunda pasado de años, caminando por la pasarela de un paso subterráneo mientras se sobre impresionan los créditos (fotograma 1). Es una toma continua, con apenas una transitoria elevación hacia su mitad para enfocar las rejillas de ventilación, que muestra todo el recorrido de Maurice por el largo túnel hasta que sale de él. Como pasará con las otras escenas que comentaré más adelante (como en el gran cine en general), la belleza de la toma no la da el alarde técnico sino su aptitud para expresar sentimientos e ideas sugeridas por la planificación. Maurice acaba de salir de la cárcel y está por ver si las elecciones vitales que se dispone a realizar le proporcionan finalmente el dominio de su destino.
 
La siguiente secuencia del encuentro entre Maurice y el perista Varnove (René Lefevre) posee una planificación modélica y puede decirse que, al igual que la primera anticipa la trayectoria del personaje de Maurice, ésta es algo así como el patrón de tono que afina la puesta en escena de El confidente. Nada más entrar en la casa de Varnove, Maurice se sube el sombrero (fotograma 2) mientras observa su reflejo en un espejo partido (esta idea de recuperación de la imagen que se tiene de uno mismo aparecerá de nuevo en la última secuencia de la película). A partir de ahí la mayor parte de la información de la larga escena que culminará con el asesinato de Varnove a manos de Maurice, la proporcionan las imágenes que Melville nos sirve. La conversación que se entabla entre ambos amigos está llena de datos, referencias a otros personajes que el espectador no conoce, hechos del pasado, y un mcguffin obvio: el golpe que Maurice pretende llevar a cabo muy próximamente. Sin embargo, el curso que siguen las imágenes no lo determinan las líneas del diálogo sino los gestos inconscientes de Maurice que Varnove no es capaz de ver, detalles que paradójicamente, pasan desapercibidos para su lupa (fotograma 3). La forma de moverse y mirar del ex-presidiario; el juego con las monedas en su mano (fotograma 4), que Melville inserta magníficamente justo después del plano de detalle de la joya que Varnove está desmontando; su reacción nerviosa al saber que los socios de Varnove, Nuteccio y Armand, están a punto llegar; todo indica que el pensamiento de Maurice se mueve en dirección distinta a la charla que está manteniendo. El momento en que finalmente Maurice se decide a matar a Varnove, como no puede ser de otra forma en esta película (Le Doulos, título orignal de la película, significa tanto "el chivato" como "el sombrero”) se escenifica con el primer plano del matón volviendo a bajarse un sombrero que no se ha quitado en toda la escena (fotograma 5).  A partir de ahí los gestos del personaje ya adquieren un significado claro para el espectador, aunque no se diga expresamente: Maurice abre con el dedo meñique el cajón en donde Varnove guarda su pistola, la carga, y su mirada antes de disparar ya es inequívoca.
 
He ahí un leitmotiv formal que recorrerá la película: la dificultad para apreciar en su conjunto la realidad, para posicionarse adecuadamente ante lo que vemos, la porción de un todo al que jamás accederán por completo los personajes a pesar de su esfuerzo por observar con detalle. Es un sentimiento expresado en el ambiguo título de la película y que el espectador compartirá continuamente al desconocer claves argumentales que se despejarán de manera algo apresurada hacia el final, en una sola escena.
 
Más adelante se nos presenta al segundo protagonista, Silien (Jean-Paul Belmondo), el profesional con el que Maurice contacta para que le provea del material que necesita en su robo. La trama va a apoyarse desde ese instante tanto en la ejecución y consecuencias del golpe de Maurice como en las evoluciones de Silien, un sujeto que en un primer momento parece incidental dentro de la intriga, pero a cuya relación con dos mujeres, con la policía, con otros colegas y, de manera enigmática, con el propio Maurice, la película acabará dedicando la mayor parte del metraje.
 
La escena en la que la policía interroga en comisaría a Silien está rodada en un único plano de cerca de nueve minutos, sin cortes. La cámara gira sobre su eje completando dos rotaciones y media de 360 grados. Vemos que el foco sigue al comisario Clain (un extraordinario Jean Desailly que soporta con admirable naturalidad todo el andamiaje de la secuencia) mientras éste se mueve circularmente acosando con sus preguntas a Silien. Significativamente, el gánster está inmóvil, apoyado en la pared; compone una figura deliberadamente característica, con su sombrero y gabardina que viste incluso en un espacio interior, exhibiendo un claro mensaje de diferenciación (fotograma 6). El personaje del comisario Clain puede relacionarse sin problemas con otros policías de Melville, como los comisarios de Hasta el último aliento (1966) y El silencio de un hombre (1967): todos ellos son personajes moralmente neutros, todos ellos carecen de un código de conducta distinto del que les marca su profesión, todos ellos poseen cierto humorismo un tanto histriónico con el que pretenden mostrar desprecio a los fuera de la ley pero que encubre en buena medida su incomprensión hacia los mismos. El contraste muy marcado entre los comportamientos de ambos personajes revela no sólo su distinta posición en el interrogatorio sino también una actitud moral que es prácticamente el centro de gravedad temático de El confidente: puede quebrantarse cualquier ley (Silien es, de hecho, un asesino) salvo la de la lealtad debida a los de tu misma clase. O, dicho de otra forma:  la medida de la integridad la da el ser o no ser un chivato.
 
Así, como polar de ley que es, en El confidente la integridad traza la línea que divide a los personajes:  en el lado condenable están los traidores (doulos), como Nuteccio o Armand; en tierra de nadie está la policía, es decir la Ley; y a este lado están Silien y Maurice, los que se mantienen fieles al código, los que valoran lo que es llevar sombrero (doulos) y gabardina. Sin embargo, el destino de ambos, y esto es especialmente paradójico en una historia en la que los personajes idean y ejecutan tantos y tan complejos planes, no lo marca su pertinaz esfuerzo por salir del túnel sin cruzar esa línea, sino la trágica circularidad que finalmente alcanza a todos los hombres que merecen llevar sombrero en esta película. Y si es cierto que tampoco se aparta aquí El confidente de la senda del noir francés del que trae causa (Touchez pas au grisbi, Rififí, las historias de José Giovanni o de Pierre Lesou, autor de la novela original) el agudo fatalismo y la belleza ritual con que se presenta el desenlace recuerdan al primer western crepuscular, el de los clásicos, y al chambara más lacónico y menos violento, al estilo de Sadao Yamanaka. Es imposible olvidar ese plano de Silien, herido de muerte, colocándose bien el sombrero mientras se mira en un espejo (fotograma 7), que remite a la imagen de Maurice al inicio de la película: un privilegio que tiene el hombre que antepone a cualquier otro principio la lealtad a un determinado código de conducta y elige morir antes que mentir.
 
Talibán
© cinema esencial (mayo 2017)

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puntuación: 
8

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