El terror de las chicas

El terror de las chicas
Director:

Título Original: The Ladies Man / Año: 1961 / País: Estados Unidos/ Productora: Paramount Pictures / Duración: 106 min. / Formato: BN - 1.85:1
Guión: Jerry Lewis, Bill Richmond, Mel Brooks / Fotografía: W. Wallace Kelley / Música: Walter Scharf
Reparto: Jerry Lewis, Helen Traubel, Kathleen Freeman, Hope Holiday, George Raft, Pat Stanley, Jack Kruschen, Doodles Weaver
Fecha estreno: 28/06/1961 (NY)

Tipificar los films de Jerry Lewis como “cómicos” es pernicioso: origina la ansiedad de la risa, que puede no aparecer, o hacerlo de manera forzada en el espectador. El estigma del personaje de Jerry Lewis como clown “idiota” (“cuando dirijo, hago de padre; cuando escribo, hago de hombre; cuando actúo, hago el idiota”) cultiva una mirada unidireccional hacia sus películas que consolida un imaginario colectivo desacertado del que se resiente su cine. Si se descodifican los films de Lewis, al contrario de quedarse huérfanos de un género que les garantice una clasificación en la historia del cine (necesaria para mantener en vida a muchos films irrelevantes; véase el caso de Un Homme et une Femme - Claude Lelouch,  1966 - como cine romántico), se convierten en lo que realmente son: un enigma a descubrir y, en definitiva, a degustar. The Ladies Man es un drama y no es una película cómica, ni tan solo una comedia. Pero también es todo y nada de ello a la vez. Constituye un universo complejo. Los gags visuales siempre son externos, la actuación de Jerry Lewis siempre es histriónica, los colores intensos y vivos. Y detrás de todo ello, apenas explícito, existe la actitud de un transgresor y la aptitud de un visionario. Las analogías reverdecen: Jerry Lewis está en el mismo plano que Kafka o Robert Walser. Y es en esta zona sombría donde debería ser tratado. Si no hay universo personal y autónomo no se producen sinergias con terceros artistas. Así se lo demostró Kafka a Orson Welles en El Proceso (1962). Al contrario, si existe universo autónomo puede producirse la ósmosis creativa y la transferencia. Así Poe en Fellini con Toby Dammit (1968). Y aquí nos encontramos fuera del mundo de las adaptaciones. El camino es otro. El medio para dialogar con Kafka (o Poe, o Walser) no es la adaptación sino la autonomía creativa. Y Lewis accede a Kafka y a Walser por su singularidad artística y sin necesidad de proponerlo, ni buscarlo, ni desearlo. Son universos autónomos y afines. El punto de partida de Jerry Lewis se encuentra fuera de la película: la normalidad instaurada está creada y transformada por flujos constantes de locura y desequilibrios. A partir de esta premisa mental, y en la mayoría de sus películas pero en particular en The Ladies Man, Lewis crea un sistema en que no opone normalidad con anormalidad, ni su personaje de Herbert H. Herbert constituye el conducto de accesión al territorio de la anormalidad, sino que la locura y el desequilibrio es “lo normal” y la ejercen, no sólo Herbert H. Herbert, sino todos los personajes que de forma inherente tienen su parcela de desequilibrio. Herbert H. Herbert no duda en echarse en brazos de Kate (Kathleen Freeman), que tampoco duda en llevarlo en brazos hasta dentro del hall de la residencia de señoritas (fotograma 1). Cuando Herbert H. Herbert libra la correspondencia puerta a puerta a las chicas de la residencia, cada una de ellas muestra su obsesión personal (incluso una de ellas es el trasunto de Marylin Monroe) hasta el cénit de que una chica le hace interpretar, un par de veces, a un personaje de la obra que está ensayando (fotograma 2).
 
 En muchos aspectos Jerry Lewis es más complejo que Jacques Tati, en el que su personaje de Monsieur Hulot tiene una esfera muy acotada y mínima: es un personaje cándido y afable, episódico de un verano o de un día de fiesta, que, en un mundo normalizado, genera pequeños desequilibrios. Por el contrario los personajes creados por Lewis (como Herbert H. Herbert en The Ladies Man) se han de enfrentar al mundo en su totalidad: la vida social, laboral y amorosa. Contienen un punto de acción agresivo, siempre hacia adelante y nunca hacia atrás. Son personajes prácticos y resolutivos aunque de poca o nula eficacia en sus quehaceres. Pero toman decisiones y las ejecutan con celeridad. Así, en un elíptico y rápido encadenado de situaciones, Herbert H. Herbert se gradúa, es víctima de un desengaño amoroso, se despide de sus padres y seguidamente se dispone a buscar trabajo (fotograma 3). El deseo integrador de Herbert H. Herbert como ser social conlleva el acceso al mundo laboral (es contratado como asistente en una residencia de chicas, una vez que Herbert haya recitado sus referencias laborales en un monólogo parejo al teatro del absurdo de Ionesco) y, en consecuencia, a la burocratización y mecanicidad en su vida: Herbert H. Herbert es un ser automatizado por unos horarios y unas tareas contra las que no se rebela sino que, al contrario, intenta cumplir con rigor; y sólo desea zafarse de ellas y escaparse de la residencia de señoritas, infructuosamente, cuando se siente intimidado por su presencia física y sexual, lo que le hace exclamar sin rubor una llamada a grito de su “Mamá”. Sin embargo la “Mamá” de Herbert H. Herbert (acidez de Lewis: interpretada por él mismo) es un ser idiotizado; por lo que en el fondo Herbert H. Herbert no tiene ningún punto de referencia y es echado al mundo exterior sin asideros. Por ello, el gag del principio del film, en el que en una calle desierta y pacífica de pronto se suceden un seguido de accidentes ciudadanos, conlleva e informa implícitamente de la vorágine en la que va a tener que enfrentarse Herbert H. Herbert (fotograma 4). Los “gags” no constituyen distorsiones a la realidad o al orden, sino más bien son elementos armónicos con el mundo de Jerry Lewis. El absurdo y la fantasía son inherentes, y no elementos externos del contexto creado. Tienen el mismo valor, con independencia de la inspiración en la elaboración y resultado del gag, tanto las mariposas disecadas que echan el vuelo cuando Herbert H. Herbert intenta limpiar el cuadro donde están expuestas, como la cama donde duerme Herbert H. Herbert cuyo colchón va hundiéndose hasta quedar a ras de suelo.
 
Ni tan siquiera hay complicidad o identificación con el espectador: al contrario de la mayoría de los personajes cómicos de la historia del género, Jerry Lewis construye un Herbert H. Herbert antipático y prosaico, en absoluto gracioso. No hay más que apreciar sus tendencias: el fervor que muestra Herbert H. Herbert, tanto ante el espectáculo televisivo que se desarrolla en homenaje a la dueña de la residencia por haber sido en otra época una importante cantante de ópera, que da a lugar a que Herbert H. Herbert se entrometa e invada el plano cuando no le corresponde a él, sino a la antigua cantante, como cuando Herbert H. Herbert se encuentra con George Raft, al que toma con un interés inusitado hasta el punto de llegar a dar unos pasos de baile con él. Herbert H. Herbert no deja de ser un personaje deslumbrado por la fama (fotograma 5). Veintiún años después, Herbert H. Herbert se convertirá en Rupert Pupkin (Robert De Niro) en The King Of Comedy (Martin Scorsese, 1982) donde el cálido afecto por la fama y el éxito asciende a cotas arribistas.
 
De todo ello, se infiere de The Ladies Man un camino abyecto hacia la madurez nada conciliador y del todo corrosivo: tras el frívolo espectáculo televisivo desplegado en la residencia, Herbert H. Herbert tiene un sueño erótico en el que no se le aparecerá ninguna de las chicas de la residencia, sino que soñará con una dominatrix (una suerte de cruce entre María Félix y Cyd Charisse) que con el rostro como una máscara seducirá al protagonista. Las máscaras como formas de enmascarar la personalidad y la fama adquirida a través del medio televisivo serán los caminos que alumbrarán la madurez de Herbert H. Herbert.
 
Jordi Torras Pous
© cinema esencial (julio 2015)
 
Puntuación Jordi Torras: 9
 
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VER EN FILMIN
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VÍDEOS: 
Trailer (V.O.I.)
puntuación: 
8

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