Lord Jim

Lord Jim
Director:

Título Original: Lord Jim / Año: 1965 / País: USA / Productora: Columbia Pictures / Duración: 154 min. / Formato: Color  - 2.20:1
Guión: Richard Brooks (Novela: Joseph Conrad) / Fotografía: Freddie Young / Música: Bronislau Kaper
Reparto: Peter O'Toole, James Mason, Curd Jurgens, Eli Wallach, Jack Hawkins, Paul Lukas, Akim Tamiroff, Daliah Lavi, Jack MacGowran, Christian Marquand
Fecha estreno: 15/02/1965 (Londres)

“He sido un supuesto cobarde y un supuesto héroe. Y entre uno y otro hay una fina línea divisoria. Tal vez los cobardes y los héroes son hombres comunes que, por una fracción de segundo, hacen algo fuera de lo común. Eso es todo”
 
Adaptación de la novela homónima de Joseph Conrad publicada por entregas en la Blackwood's Magazine entre octubre de 1899 y noviembre de 1900 (conviene destacar la predilección de Brooks por recurrir a grandes nombres de la literatura como germen de la mayor parte de sus proyectos: además de Conrad, citemos a Scott Fitzgerald, Fiodor Dostoievski, Tennessee Williams, Sinclair Lewis o Truman Capote, entre los autores a los que el director se atrevió a llevar a la gran pantalla), Lord Jim es una película que, si bien podemos adscribir al género de aventuras, presenta sus mayores atractivos en el introspectivo relato del conflicto psicológico que atenaza a su protagonista: un oficial de la marina torturado por un episodio acontecido poco después de su graduación en el que, presa de un ataque de pánico, abandona junto al resto de oficiales un ruinoso buque a punto de naufragar, condenando a sus indefensos pasajeros (un numeroso grupo de musulmanes en peregrinación a la Meca) a una muerte casi segura.  
 
“Sentía que él era el único responsable de cada alma a bordo del barco. Estaba a la altura de las circunstancias. Nada le amedrentaba”, expone el capitán Marlow (Jack Hawkins) sobre el sentimiento de Jim (Peter O’Toole) ante la visión de los peregrinos hacinados en la bodega del Patna (desasosegantes imágenes en las que Brooks logra transmitir el ambiente de tensión y zozobra que domina a la tripulación y pasajeros del buque bañado por la niebla, y que inevitablemente nos hacen pensar en situaciones igualmente dramáticas de nuestros triste actualidad – fotograma 1). Y sin embargo, en el momento decisivo, el protagonista “que soñaba con rescatar a una bonita muchacha en una pintoresca embarcación; en conseguir fama, fortuna y respeto salvando a su capitán de un cruel motín” cederá a la cobardía saltando al bote salvavidas en el que abandona junto al resto de oficiales el buque embarrancado (un gesto que Brooks sugiere que pudiera ser involuntario, al no permitirnos ver si Jim salta o cae en el bote después de una violenta sacudida del buque) y se verá finalmente condenado a la ignominia cuando, una vez a salvo y tras la noticia de que el Patna ha sido finalmente rescatado, decide entregarse a las autoridades para ser juzgado por su comportamiento.
 
“Emprendió su camino de puerto en puerto, intentando perderse entre los anónimos. Ya no soñaba con la fama ni la gloria. Ya no quería soñar”, escuchamos en la voz de Marlow antes de que el narrador desaparezca para pasar a una descripción de los hechos desde el punto de vista del director (un recurso, como describe José Maria Latorre en su espléndido La vuelta al mundo en 80 aventuras, contrario al utilizado por Conrad en la novela, iniciada allí desde el punto de vista del escritor para dar paso en seguida, y hasta el final de la obra, a la narración del capitán Marlow, y que personalmente no me parece nada desacertado en este caso, por cuanto acentúa la soledad del héroe filmado por Brooks: como si, a partir de su huida, el narrador Marlow lo abandonara completamente a su suerte). Y, tras un inesperado gesto heroico al salvar un cargamento de municiones del comerciante Stein (Paul Lukas) de un intento de sabotaje (“la fina línea divisoria entre un supuesto cobarde y un supuesto héroe”), Jim prosigue su huida personal embarcándose en una peligrosa travesía al corazón de las tinieblas (fotograma 2 - aquí la remota región de Patusán) para transportar las municiones que han de servir para hacer frente al sanguinario General (Eli Wallach), un déspota señor de la guerra que tiene sometida a la población.
 
Una vez en Patusán, y después de conseguir entregar el armamento a los líderes de la resistencia, Du-Ramin (Tatsuo Saitô) y su hijo Malay (Eric Young), el comportamiento de Jim se moverá entre episodios de heroicidad y otros en los que no puede evitar volver a caer presa de la cobardía: capturado por el General, resiste una sesión de tortura sin delatar el paradero de su cargamento (en una secuencia en montaje en paralelo en la que Brooks alterna las imágenes del suplicio del protagonista con las de los sicarios del General danzando en un frenético ritual; un episodio que a buen seguro inspiraría a Coppola – y no será el único – en su personal traslación del universo conradiano al Vietnam de Apocalipse Now), consciente de que se encuentra ante una segunda oportunidad para intentar redimirse de su pecado original por el episodio del Patna (“Nada puede salvarlos. Mañana por la mañana pasarán a la historia. Tirados por la borda, sin dejar rastro”, argumenta el acólito del General, Cornelius - Curd Jürgens – para vencer la resistencia de Jim, a lo que este responde, prácticamente para sí mismo: “Sí, como un barco que se hunde” – fotograma 3); pero, una vez liberado y al mando de la ofensiva contra la fortaleza del General, sufre un nuevo ataque de pánico en plena batalla, antes de conseguir la victoria en un último acto de coraje con el que acaba finalmente con la vida del General (no así con la del perverso Cornelius, que consigue huir en busca de refuerzos para recuperar el tesoro que el General había ocultado en su fortaleza).
 
Si la larga secuencia de la toma de la fortaleza del General responde puramente a los cánones del género de aventuras, el posterior enfrentamiento de Jim (al que Du-Ramin concede el título de Tuan Jim – “un hombre valiente, un hombre que hay que respetar. Un Lord” - como reconocimiento a su liderazgo) con el enigmático Mr. Brown (un espléndido James Mason) situará al protagonista ante la imagen de sus propias fortalezas y debilidades (fotograma 4). ”Ningún hombre se esconde en la jungla sin ninguna razón. Vamos milord ¿por qué huyó de su mundo? ¿Acaso no somos los dos exiliados? ¿Tan distintos somos? ¿No tenemos las mismas raíces y la misma piel? ¿El mismo Dios? ¿Las mismas debilidades? ¿No ha suplicado nunca perdón ni necesitado una segunda oportunidad?”, le espeta Brown a Lord Jim para convencerle de que les deje partir con vida después de haber intentado robar el tesoro ahora en manos de los hombres de Du-Ramin (en realidad, una trampa para ganar tiempo y realizar un nuevo ataque).
 
La decisión de Jim de dejar marchar a los hombres de Brown, poniendo ante Du-Ramin su propia vida como ofrenda si con ello se producía alguna otra muerte, y el posterior ataque de los forajidos que provocará la muerte del joven Malay antes de ser finalmente derrotados, situará al protagonista ante el punto final de su huida. Desoyendo las súplicas de Stein, Lord Jim cumple su promesa y ofrece su vida a Du-Ramin, en una bellísima secuencia que Brooks resuelve de manera admirable: en pleno funeral de Malay, y después de depositar su gorra sobre el difunto, Jim entrega su rifle a Du-ramin, al que observa un momento directamente a los ojos; después, se da la vuelta, se aleja unos pasos y observa a su alrededor para acabar alzando la vista al cielo (fotograma 5), momento en el que oímos un disparo que dará paso a las imágenes nocturnas de las piras funerarias de Malay y Jim (fotograma 6 – otra momento del que sin duda son deudoras algunas imágenes de la citada Apocalipse Now) observadas por Stein mientras se aleja en su barcaza, un momento sobre el que resuenan las últimas palabras que Jim pronunciara para justificar ante Stein su acto inmolatorio: “No sé porque las cosas pasan de la forma que pasan. Te equivocas en algo y empieza. Te engañas a ti mismo pero eso está mal. Intentas ocultarlo pero eso está mal. Y una vez que esas cosas empiezan a discurrir, siguen su propio curso y no hay forma de detenerlas hasta que llegan a su propio fin. Arrepentirse ni lo cambia ni lo corrige. Y ni siquiera es lo que haces, sino por qué lo haces. Supongo que ese es el ojo de la aguja… Ahora, con la mañana, acaba el sueño. Si pierdo sin honor, si en el último momento flaqueo, todo habrá sido en vano”
 
David Vericat
© cinema esencial (noviembre 2016)

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puntuación: 
8

Comentarios

Una acertadisima reseña de una película con un mensaje muy claro: Todo error puede ser subsanado pero tienes que pagar un precio muy alto . Un hombre que busca el perdón y el honor desesperadamente. Al igual que que esta valoración, una Maravilla de film... Mas alto, si. Mas claro, no (me refiero a la reseña y a la película conjuntamente).

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