Los mejores años de nuestra vida

Los mejores años de nuestra vida
Director:

Título Original: The Best Years of Our Lives / Año: 1946 / País: USA / Productora: Samuel Goldwyn Company / Duración: 170 min. / Formato: B/N - 1.37:1
Guión: Robert E. Sherwood (Novela: MacKinlay Kantor) / Fotografía: Gregg Toland / Música: Hugo Friedhofer
Reparto: Dana Andrews, Fredric March, Myrna Loy, Harold Russell, Teresa Wright, Virginia Mayo, Cathy O'Donnell, Hoagy Carmichael
Fecha de estreno: 21/11/1946 (NY)

Fred Derry (Dana Andrews), Al Stephenson (Fredric March) y Homer Parrish (Harold Russell) se encuentran en el avión militar que les lleva de regreso a su pequeña ciudad tras combatir en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Desde la cabina del bombardero, los tres personajes observan el paisaje mientras comparten su alegría, pero también su incertidumbre y sus temores ante el reencuentro con sus seres queridos (fotograma 1): Fred, el oficial de mayor graduación de los tres, dejó la humilde vivienda de sus padres y a una esposa a la que acababa de conocer para marchar al frente; Al es un veterano sargento que desempañaba como civil un cargo ejecutivo en un banco y que vivía una vida acomodada junto a su esposa y sus dos hijos; mientras que Homer, el más joven de los tres, debe afrontar el reencuentro con su familia y su prometida tras perder ambas manos en un bombardeo en el frente marítimo.
 
Los mejores años de nuestra vida es un melodrama sobre la difícil realidad de los veteranos de cualquier contienda bélica en el momento de reincorporarse a la vida civil. La adscripción al género melodramático no es ni mucho menos baladí, puesto que determina de manera decisiva el tono y la mirada del film, muy distante de otros títulos que han abordado esta realidad con propósitos y resultados completamente distintos al del film de William Wyler (piénsese por ejemplo en un título como Los violentos años veinte, de Raoul Walsh, obra que tiene exactamente el mismo punto de partida – tres veteranos regresan a la vida civil tras el fin de la guerra – para acabar convirtiéndose en una crónica del crimen organizado en la década de los años veinte). Admitámoslo sin reservas: Los mejores años de nuestra vida juega abiertamente con los códigos más evidentes del género, pero lo hace endemoniadamente bien, incorporando además elementos de la realidad cotidiana de la sociedad estadounidense de posguerra que confieren al film una sensación de verdad que actúa como magnífico contrapunto a las distintas tramas emocionales de la historia.
 
Esta combinación de realismo y melodrama queda perfectamente plasmada desde el inicio de la película, tras la llegada de los tres veteranos a su ciudad natal, Boone City: primero, con las imágenes (de una textura casi documental) de las calles y los habitantes de la ciudad que los personajes observan desde el taxi que los lleva a sus hogares; y seguidamente, con la secuencia del reencuentro de Homer con su familia y con su prometida, Wilma (Cathy O'Donnell), una escena en la que Wyler refuerza sin disimulo la carga emotiva (con la imagen de Homer, incapaz de corresponder al abrazo de Wilma – fotograma 2) y que nos es mostrada de nuevo desde el interior del taxi a través de la mirada de Fred y Al (es decir, el mismo punto de vista desde el que veíamos las escenas de la vida cotidiana de la ciudad). “Debemos felicitar a la Marina: entrenaron bien a ese muchacho para usar esos garfios”, se congratula Fred cuando el taxi remprende la marcha, a lo que Al replica de manera concluyente: “No pudieron enseñarle como abrazar a su chica y acariciarle el cabello”.
 
Tras el desembarco de Homer, vemos la llegada al hogar familiar de Al (su reencuentro con sus hijos, Rob - Michael Hall – y Peggy - Teresa Wright -, y con su esposa Milly - Myrna Loy) y, finalmente, la de Fred a la modesta vivienda de sus padres, Pat y Hortense Derry (Roman Bohnen y Gladys George, esta última presente también en el reparto de la citada Los violentos años veinte, en el que pudiera ser uno de los guiños de Wyler al film de Walsh), en donde descubre que su mujer, Marie (Virginia Mayo) se ha trasladado a un apartamento en el centro de la ciudad.
 
A partir de este momento, asistimos al proceso de reinserción de los tres veteranos, cada uno de los cuales condicionado por sus respectivas circunstancias personales: mientras que Al, con un entorno familiar y laboral completamente favorable, debe esforzarse para tratar de restablecer su relación afectiva con Milly y sus hijos (algo que Wyler resuelve a las primeras de cambio, dicho sea de paso), Fred se verá obligado a aceptar el regreso a su antiguo puesto de trabajo como dependiente en unos grandes almacenes, esta vez a las órdenes del que fuera su subordinado antes de la guerra (una situación, de nuevo, similar a la que se encontraba el protagonista de Los violentos años veinte, pero resuelta de manera bien distinta: ante la imposibilidad de recuperar su puesto como mecánico, aquél abandonaba el taller no sin antes darse el gusto de tumbar de un puñetazo a su sustituto), además de lidiar con el comportamiento caprichoso y egoísta de su mujer, Marie, con quien Fred descubre en seguida que no tiene ningún punto en común. Por su parte, Homer deberá afrontar la difícil relación con su familia y, sobre todo, con Wilma, condicionada por su grave minusvalía, lo que dará lugar a algunas de las mejores y más duras secuencias de la película: Homer rompiendo con ira una ventana con sus garfios al sentirse espiado como un monstruo de feria por su hermana pequeña, Luella (Marlene Aames), y los amigos de ésta (fotograma 3); y, sobre todo, las dos secuencias en las que asistimos al ritual al que debe enfrentarse el personaje al final de cada jornada, despojándose de sus garfios para quedar postrado en cama como un completo inválido (la primera de ellas con su padre, encargado de ayudarle cada noche, y la segunda con Wilma, cuando Homer acepta finalmente compartir con ella su momento de mayor debilidad, como paso previo a su definitiva reconciliación).
 
Resuelto el principal conflicto emocional de la película, el film adquiere su tono más melodramático al centrarse en la relación sentimental entre Fred y Peggy, deparándonos momentos magníficos, por otro lado, como el del enfrentamiento de Al y Fred en el café de Butch (Hoagy Carmichael), con el posterior plano de Al escuchando a Homer y Butch al piano mientras vemos a fondo a Fred llamando a Peggy para dar por terminada su relación (fotograma 4, una de las mucha muestras del magnífico uso de la profundidad de campo de Wyler, de la mano de su colaborador habitual tras la cámara, Gregg Toland). Una relación que se resolverá in extremis (como mandan los cánones del género) tras la ruptura de Fred con Marie, durante el reencuentro de la pareja en la ceremonia de matrimonio de Homer y Wilma.
 
David Vericat
© cinema esencial (noviembre 2014)
 
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VER EN FILMIN
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VÍDEOS: 
Trailer (V.O.I.)
puntuación: 
9

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