¡Qué bello es vivir!

¡Qué bello es vivir!
Director:

Título Original: It's a Wonderful Life / Año: 1946 /  País: Estados Unidos / Productora: RKO presents a Liberty Films Inc. Production / Duración: 130 min. / Formato: B/N - 1.37:1
Guión: Frances Goodrich, Albert Hackett, Frank Capra / Fotografía: Joseph Walker & Joseph Biroc / Música: Dimitri Tiomkin
Reparto:  James Stewart, Donna Reed, Lionel Barrymore, Thomas Mitchell, Henry Travers, Beulah Bondi, Frank Faylen, Ward Bond, Gloria Grahame, H.B. Warner, Frank Albertson, Todd Karns, Samuel S. Hinds, Mary Treen, Virginia Patton, Charles Williams, Argentina Brunetti
Fecha estreno: 21/12/1946 (NY, preestreno) / 24/12/1946 (Los Angeles, California)

"Un hombre sencillo y honesto, acorralado por depredadores sofisticados, puede, si lo desea, llegar hasta lo más profundo de sus recursos dados por Dios y surgir con todo el valor, ingenio y amor necesarios para triunfar sobre su entorno. Ese tema prevalecería en todos - excepto en dos - mis filmes posteriores. Era el grito de rebeldía del individuo contra ser pisoteado hasta verse reducido a pulpa por la masa: la producción en masa, el pensamiento en masa, la educación en masa, la riqueza en masa, la conformidad en masa"
Frank Capra
 
Resulta difícil no rendirse ante el torbellino de emociones que provoca cada nuevo visionado de ¡Qué bello es vivir!, probablemente uno de las obras cinematográficas que han logrado trascender cualquier análisis fílmico para devenir auténticos iconos de la cultura popular. Lo cierto es que estamos ante una película con una construcción de guion y puesta en escena absolutamente ejemplares, hasta el punto de erigirse como una de las cumbres del cine clásico norteamericano, tanto en su aspecto formal como temático.
 
No es extraño que el artífice de ello sea uno de los directores más sinceramente comprometidos con algunas (¡no todas!) de las bases sociales y artísticas sobre las que se cimentan la sociedad norteamericana de mediados del siglo XX: tanto en el aspecto formal (la tendencia a una puesta en escena transparente) como temático (su exaltación del “individuo frente a la masa”) Frank Capra podría ser el perfecto equivalente en los Estados Unidos a lo que supone Eisenstein para la filmografía soviética (justamente a las antípodas de los preceptos citados).
 
Pero más, allá de consignas ideológicas ¡Qué bello es vivir! es sobre todo un magistral cuento de navidad que recoge la herencia del clásico de Dickens para ofrecer una bellísima fábula sobre el poder del amor y la solidaridad por encima de la tiranía del poder económico. Un tema absolutamente vigente en nuestros días que convierten a la película (¡rodada hace más de medio siglo!) en un documento extraordinariamente válido para describir la actual situación social y económica (imposible evitar reconocer en el déspota Henry F. Potter - Lionel Barrymore – a muchos de los respetados banqueros que rigen nuestro sistema económico en la actualidad): una escena como la de George Bailey (James Stewart) intentando convencer a sus cooperativistas de la necesidad de resistir el envite del codicioso Potter y los argumentos de éstos exponiendo su desesperada situación (“Mi marido no trabaja desde hace un año, ¡necesitamos dinero!”), o la del segundo enfrentamiento entre George Bailey y Henry F. Potter tras la muerte del padre del protagonista (el primero tiene lugar entre un George Bailey adolescente defendiendo justamente a su padre ante el tirano magnate), valdrían perfectamente como ejemplo de las preocupaciones y reivindicaciones que se pueden escuchar en muchas de las asambleas de los afectados por la crisis inmobiliaria que asola nuestra economía.
 
Difícil, por tanto, no empatizar desde la primera aparición de un joven George Bayley (Robert J. Anderson) con este héroe cotidiano que encarna la quintaesencia del protagonista capriano por excelencia. Un personaje que verá su existencia marcada por la renuncia a su proyecto vital (viajar) en favor de las necesidades del prójimo.
 
Pero lo que hace a George Bayley un personaje de carne y hueso y, por tanto, con el que nos podemos identificar desde el primer momento, es justamente el hecho que su sacrificio nunca es fruto de un sentimiento caritativo espontáneo, sino que surge como consecuencia de circunstancias que prácticamente obligan al personaje a actuar como lo hace. Esto es evidente desde la primera gran renuncia del personaje, cuando, tras fallecer el padre, es prácticamente obligado a tomar las riendas de la cooperativa que aquél dirigía (evitando así que caiga en manos de Potter) y en sucesivos momentos a lo largo de la historia, de entre los que cabe destacar dos especialmente emotivos: 1) tras el regreso de la universidad del hermano menor de George, Harry Bayley (Todd Karns), el protagonista comprende que nunca podrá dejar la dirección de la cooperativa (tal como había acordado con su hermano): Capra nos muestra a George en el exterior de la vivienda, mientras la familia celebra el regreso del menor de los hermanos, en un plano en el que aparece con la mirada perdida hacia todos los destinos que nunca podrá llegar a conocer (fotograma 1); 2) justo después de esta secuencia, George acude a visitar a la joven Mary Hatch (Donna Reed), de la que está enamorado sin querer admitir un sentimiento que sabe que le impedirá llevar a cabo sus sueños: el larguísimo plano de la pareja compartiendo el auricular del teléfono para escuchar al unísono la palabrería de un pretendiente de Mary (con el efecto físico que esa proximidad produce en ambos) supone uno de los planos de enamoramiento más absolutamente arrebatadores jamás rodados (fotograma 2). Una secuencia al final de la cual George Bailey pronunciará también una de las más iconoclastas declaraciones de amor de la historia del cine: “¡Ahora escúchame: no me interesa el plástico ni empezar ningún negocio, ni quiero casarme nunca, ¿has entendido? Quiero hacer lo que me venga en gana y tú eres… eres…!”
 
Imposible seguir enumerando en este texto la totalidad de las excepcionales secuencias de esta absoluta obra maestra. Escojo las siguientes entre mis preferidas:
 
1) George Bailey expresando a su padre (Samuel S. Hinds), justo antes de que fallezca de un repentino ataque al corazón, la admiración que siente por él (“¿Sabes una cosa, padre? Creo que eres un gran tipo”) y éste escuchando las palabras de su hijo en silencio, con la mirada perdida y se diría que en paz consigo mismo (seguramente presintiendo que esta va a ser su última conversación – fotograma 3)
 
2) La secuencia de la noche de bodas bajo la lluvia, tras un nuevo viaje frustrado del protagonista, con Mary esperando a su esposo en la vieja casa abandonada (transformada en destartalado hotel tropical para la ocasión) que se convertirá en su  vivienda.  (“Prácticamente en todas las películas que he hecho hay escenas bajo la lluvia... En especial escenas de amor. Es un toque personal. La lluvia, para mí, es un buen estimulante, un afrodisíaco. El sentimiento procede probablemente de las alegres exclamaciones de mi padre campesino cada vez que llovía: "L'acqua veni! L'acqua veni!", Frank Capra)
 
3) El enfrentamiento entre George y su tio Billy (un formidable Thomas Mitchell), tras extraviar éste los 8.000 dólares de la cooperativa que debía ingresar en el banco (el incidente que va a provocar la situación límite del protagonista con la que arranca la película): una secuencia que nos muestra a un George Bayley especialmente colérico (lo cual, de nuevo, nos lo hace todavía más creíble y desprovisto de maniqueísmos) y a un Billy Bayley con el cual compartimos la desesperación y la humillación (fotograma 4)
 
4) El encuentro de un George ya inexistente (después de que, Clarence -  Henry Travers - su particular ángel de la guarda, cumpla su deseo de hacer que no hubiera nacido) con la madre, que no le reconoce (uno de los planos-contraplanos más sobrecogedores de la filmografía de Capra)
 
y 5) La secuencia final en la que los vecinos acuden en ayuda de George Bailey: una de las pocas secuencias de la historia del cine capaces de hacer soltar una lágrima a cada nueva revisión a quien esto firma.
 
Son solo algunos de los momentos que hacen de ¡Que vello es vivir! una obra universal, imperecedera y de sorprendente (y alarmante) contemporaneidad.
 
David Vericat
© cinema esencial (diciembre 2013)
 
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VER EN FILMIN
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VÍDEOS: 
Trailer (V.O.I.)
puntuación: 
10

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