Sonatine

Director:

Título Original: Sonatine / Año: 1993 /  País: Japón / Productora: Shochiku Duración: 94 min. / Formato: Color - 1.85:1
Guión: Takeshi Kitano / Fotografía: Katsumi Yanagishima / Música: Joe Hisaishi
Reparto: Takeshi Kitano, Aya Kokumai, Tetsu Watanabe, Susumu Terashima, Masanobu Katsumura
Fecha de estreno: 15/05/1993 (Cannes Film Festival)

Sonatine se puede considerar el primer gran film de Kitano de la tipología yakuza-eiga (tras los apuntes realizados en sus dos primeras obras: Violent Cop - 1989 - y Boiling Point - 1990). Auténtico ejercicio deconstructivo del género, el director se complace en trasladar a sus personajes, miembros de un grupo traicionado por su propio clan, a un lugar de retiro donde esperar acontecimientos: en ese lugar, una playa de la meridional isla de Okinawa, lo carnavalesco se mezcla con la gravedad de la muerte por venir.
 
El héroe arquetípico del cine de yakuzas es un personaje escindido, una especie de ronin solitario movido por la necesidad (que no el deseo) de la venganza. Murakawa (Takeshi Kitano) es un héroe sin atributos: es violento, sí, hasta el extremo, pero mata cuando es preciso hacerlo, con absoluto desinterés a su labor. Los ayudantes de Murakawa son leales, incluso íntegros y decididos, pero patéticos al mismo tiempo. Su exilio en la costa los aparta del mundo y los devuelve a un estado de niñez. De hecho, lo que parece disolverse no es un mundo (el de los yakuza en este caso), sino el mundo. La potencia simbólica de la tradición yakuza (de los valores míticos que la rodean y de la tradición cinematográfica que la evoca) reside en su contacto directo con la muerte, asumida con la firme decisión del bushido y experimentada en el interior de una atmósfera de violencia extrema e impersonal. Murakawa en definitiva, hace lo que se espera del héroe. Sin embargo, su actitud cansina, mecánica, es un atributo anti-épico, previsible y nunca adornado con la solemnidad de una postura moral o de honor.
 
La resolución de los conflictos que guían el devenir del relato puede verse de hecho como una gran estructura cuya finalidad es propiciar las condiciones de una muerte que se dote a sí misma de algún sentido. Tras la muerte sólo queda el silencio, un silencio idéntico al que antecedía a la explosión violenta. La muerte no restaura nada. Se cumple necesariamente sin más. El prototipo de acción violenta en el cine de Kitano suele articularse en una sucesión de planos y contra-planos más o menos frontales. Con la cámara situada en plena línea de fuego, los hombres se acribillan, inamovibles como estatuas (hasta que caen heridos), envueltos por el resplandor de las detonaciones (fotograma 1). Los tiroteos del bar y el del ascensor reflejan gratamente su inconfundible estilo.
 
La playa, como sucede en tantas películas de Kitano, es un lugar para el juego y la confraternización. La recreación del combate de sumos, los hoyos cavados en la arena o la guerra de bengalas, son algunos ejemplos del regreso a la niñez de los personajes (fotograma 2). Sonatine es, en el fondo una “crónica de los últimos días” mucho más interesada en evocar los tiempos muertos, las diversiones, los paseos, las bromas, el paisaje.
 
La película concluye con una variación salvaje del célebre final de El tercer hombre (Carol Reed, 1949). En este caso es la chica, Miyuki (Aya Kokumai), la que espera al borde de la carretera, al amanecer, a que el héroe aparezca desde el fondo de la imagen. Pero Murakawa no aparece. Ha detenido su coche en el arcén, muy cerca del lugar donde Miyuki aguarda, pero fuera de su vista. En el interior del coche, Murakawa realiza finalmente su sueño: se dispara un tiro en la sien (fotograma 3). Ella espera; él está muerto. Plano general de carretera con coche en el arcén, ruido del mar, fundido a negro.
 
La última imagen del film no es, sin embargo, ese fundido. Tras los créditos y la fabulosa banda sonora de la película, se suceden cuatro imágenes: unos girasoles; un plano del rincón de la playa donde hace poco los personajes se divertían como niños; los enseres de pesca abandonados por el asesino, rodeados de cangrejos; y una barca varada en ruinas que había mantenido a Miyuki y a Murakawa fuera del campo de visión del pistolero (fotograma 4). El sonido del mar y la imagen de la barca, destartalada y musgosa cierran el relato.
 
AndyHug
© cinema esencial (marzo 2017)
(Reseña original en filmaffinity)
 

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Trailer
puntuación: 
8

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