Su juego favorito

Director:

Título Original: Man's Favorite Sport? / Año: 1964 /  País: Estados Unidos/ Productora: Universal Pictures / Duración: 120 min. / Formato: BN - 1.85:1
Guión: John Fenton Murray, Steve McNeil / Fotografía: Russell Harlan / Música: Henry Mancini
Reparto: Rock Hudson, Paula Prentiss, Maria Perschy, John McGiver, Charlene Holt, Roscoe Karns, Regis Toomey, Norman Alden

Algo que me gusta especialmente de Howard Hawks es que es el director clásico que mejor ha demostrado que realizar películas que buscan claramente entretener no va reñido con hacer cine de primer nivel. Los filmes de Hawks son entretenimiento en el sentido más puro de la palabra: películas amenas y ligeras dirigidas al gran público, lo cual llevó durante mucho tiempo a los críticos a menospreciarlas como obras menores. Y de hecho Hawks nunca escondió su propósito de satisfacer a su audiencia retomando argumentos que ya le habían funcionado en el pasado. Por ejemplo, cogiendo la divertidísima Bola de fuego (1941) para convertirla en el musical Nace una canción (1948), o repitiendo la premisa de Río Bravo (1959) no una sino dos veces: en El Dorado (1966) y Río Lobo (1970), utilizando además en las tres a John Wayne como protagonista.
 
Y he aquí que en los 60 Hawks se propuso hacer una suerte de remake de una de sus comedias más míticas, La fiera de mi niña (1938). Es más, Hawks intentó que Katharine Hepburn y Cary Grant aceptaran participar en la película, y de hecho casi logró contar con Grant, pero finalmente la estrella prefirió el papel de Charada (1962) de Stanley Donen. Hawks tuvo en consecuencia que recurrir a Rock Hudson, el gran galán de comedias ligeras de la época, lo cual acabó siendo uno de los aspectos que más jugó en contra de la película, pues aunque Hudson hace un buen trabajo, uno puede notar que el guión está hecho a medida de Cary Grant. Y Cary Grant solo hay uno.
 
Hudson encarna aquí a Roger Willoughby, un experto en pesca que se gana la vida vendiendo toda suerte de utensilios relacionados con ese deporte mientras da a sus clientes valiosos consejos. Un día entra en su vida como un torbellino Abigail Page (Paula Prentiss), una publicista que convence al jefe de Roger para que obligue a su empleado a participar en un famoso concurso de pesca a modo de estratagema publicitaria. ¿El problema? Roger no tiene ni idea de pesca. No solo no la ha practicado en su vida sino que le da repelús el simple hecho de tocar un pez. Cuando le confiesa su secreto a Abigail, ésta, lejos de echarse atrás, le anima a que aprenda a pescar los días anteriores al concurso. Roger, colocado entre la espada y la pared, no tiene más remedio que aceptar.
 
Como se puede ver, la idea que tenía Hawks aquí de un remake de La fiera de mi niña no era volver al mismo argumento sino al mismo tipo de personajes: el hombre de vida hasta ahora placentera llevado a una situación casi insostenible por culpa de una mujer extravagante que se encapricha de él. En otras palabras, la consabida guerra de sexos que caracterizaba la screwball comedy de los años 30 y 40 en que los protagonistas padecían todo tipo de situaciones ridículas mientras intentan mantener su dignidad. A Hawks le gustaba presumir de haber iniciado el que sería uno de los géneros por excelencia del Hollywood clásico con La comedia de la vida (Twentieth Century, 1934)*, combinando las claves de la comedia romántica con las del slapstick. Del primer género tomaba la consabida guerra de sexos que acababa desembocando en romance, y del segundo el uso de humor más físico y acelerado. Lo que proponía la screwball era tomar a los elegantes personajes de comedias románticas y hacerles pasar por situaciones ridículas a un ritmo frenético. Ser un protagonista de screwball requería tener la elegancia suficiente para hacer de galán o de atractiva dama pero también el don cómico para resultar gracioso en gags grotescos.
 
Estando el género ya en desuso desde hacía años, Su juego favorito suponía un intento de revivir la screwball comedy pero adaptándola a los nuevos tiempos, algo que Hawks consigue a partes desiguales. Sí que consigue mantener el dinamismo típico del género gracias a un ágil guión repleto de diálogos muy divertidos, que sirven sobre todo a la indómita Abigail como armas arrojadizas contra su desvalido protagonista. Y si bien es cierto que las comparaciones pueden ser injustas, hay que reconocer que Prentiss, sin ser la Hepburn, sale airosa del reto de encarnar un personaje tan similar a ella. Su absoluta locuacidad que roza lo irritante encaja con algunos memorables diálogos de besugos como el primero que tienen los protagonistas en la plaza de parking (fotograma 1) o la conversación que tiene con Roger por teléfono a altas horas de la madrugada en que él, irritado, le pregunta si sabe qué hora es, y ésta, en vez de entender la indirecta se va a otro cuarto a mirar la hora para posteriormente comunicársela a un agotado Roger.
 
También funciona muy bien la película en lo que respecta a la faceta de humillación al protagonista masculino, un Rock Hudson asociado por entonces a comedias más amables junto a Doris Day que aquí debe defenderse de una mujer que no solo le hace chantaje sino que en más de una ocasión pone en peligro su integridad física, especialmente en la hilarante escena en que le escayolan un brazo y Abigail intenta destrozar el molde con un serrucho ante la mirada asustada de su víctima (fotograma 2). Son este tipo de escenas donde Hudson parece tan vulnerable e intenta mantener la dignidad las que mejor le funcionan al actor, como cuando trata de forma maravillosamente ridícula montar una tienda de campaña (fotograma 3), o cuando se retoma el gag de La fiera de mi niña en que el protagonista camina pegado a una mujer para tapar el agujero que se le ha formado en la parte de atrás de su vestido (fotograma 4) y que en esta ocasión incluye un añadido que acaba de redondearlo cuando a Roger se le engancha la corbata con la cremallera (fotograma 5 - Hawks no se dedica simplemente a reciclar gags, sino que más bien hace variaciones de éstos).
 
Pero en lo que respecta a los gags más físicos, Hudson no los realiza con la misma maestría que un Cary Grant. Sí que consigue transmitir la sensación de cómica torpeza que requiere el personaje, pero le falta ese dominio del gag físico que tenía Grant y lo convertía en un actor cómico tan excepcional. No obstante, eso no quita que tenga algunos momentos absolutamente memorables, como las tres escenas en que pesca un pez gigantesco por pura coincidencia. Cada una de ellas es tan absurda e inverosímil que resultan hilarantes, sobre todo aquella en que la caña de pescar se le engancha a la rama de un árbol y él intenta agarrar al pobre pescado manteniendo la caña en alto hasta que, finalmente, acaba teniendo que subir a la propia rama para agarrar su captura (fotograma 6). Se trata del momento que parece más cercano a al slapstick, por su grado de absurdez y por la forma como se filma, solo superado por la inolvidable imagen del oso en motocicleta (fotograma 7).
 
Al igual que en La fiera de mi niña, la premisa romántica sobre la cual se sustenta Su juego favorito es la de que los polos opuestos se atraen. Y del mismo modo que en su film precedente, Hawks apuesta muy inteligentemente por minimizar el componente romántico, haciendo que el primer beso entre ambos se lo dé Roger casi con despecho y sin poner nada de sentimiento, y que el segundo ella lo rechace por no haber sido especialmente bueno. En la última imagen de la película, cuando la pareja por fin se reconcilia y se besan (esta vez sí, con pasión) Hawks nos muestra unas imágenes de archivo de dos trenes que acaban chocando entre ellos. Es la metáfora visual exacta de cómo entiende el realizador las historias de amor en este tipo de filmes: como algo que acaba surgiendo a base de los roces y los choques constantes, hasta que uno comprende que inevitablemente se ha enamorado de la persona a la que horas antes deseaba estrangular.
 
En definitiva, si uno la compara con sus precedentes más obvios, Su juego favorito se queda a medio camino en su intento de revivir la screwball comedy. Resulta divertida pero la falta parte de la energía y la locura del género, que parece intentar compensarse con detalles que hoy día nos parecen algo anticuados como la banda sonora de Henry Mancini (en ocasiones demasiado preocupada en recalcar el tono humorístico de sus gags) o el montaje de la escena en que la prometida de Roger le pilla in fraganti con Abigail, en que se nos muestra un primer plano de cada personaje para enfatizar lo violento de dicho encuentro. Al Hawks de sus mejores obras no le hacían faltar esos recursos para recalcar lo divertido de dichas situaciones, y a decir verdad, estos detalles reflejan una cierta inseguridad injustificada, puesto que sin necesidad de entrar en comparaciones Su juego favorito es una más que notable comedia.
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* En realidad se considera que la primera película screwball fue Sucedió una noche (It Happened one Night, 1934) de Frank Capra, estrenada unos meses antes.

 

Guillermo Triguero
© cinema esencial (febrero 2018)
 
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8

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