Todos nos llamamos Alí

Título Original: Angst essen Seele auf / Año: 1974 / País: RFA / Productora: Tango Film / Duración: 93 min. / Formato: Color - 1.37:1
Guión: Rainer Werner Fassbinder / Fotografía: Jürgen Jürges / Música: Peer Raben
Reparto: Brigitte Mira, El Hedi Ben Salem, Barbara Valentín, Irm Hermann, Elma Kazlova, Anita Bucher, Gusti Kreisal
Fecha estreno: 05/03/1974 (Munich)

Desde la primera imagen de Emmi (extraordinaria Brigitte Mira), de pie en la entrada del bar de Barbara (Barbara Valentin) adonde llega para guarecerse de la lluvia, bajo la inclemente mirada del resto de clientes desde el otro lado del local (fotograma 1), percibimos la extrema soledad de la protagonista de Todos nos llamamos Alí (desafortunado título español que nada tiene que ver con el original Angst essen Seele auf – Cuando el miedo se come el alma).
 
“Es bueno hablar con alguien. Estoy sola la mayor parte del tiempo”, le confiesa Emmi a Alí (El Hedi ben Salem) como intentando buscar una excusa a su invitación para subir a tomar un café a su apartamento, después de que Alí se ofreciera a acompañarla a la salida del bar de Barbara. Y es que, más allá de la evidente denuncia del sentimiento xenófobo todavía latente en la sociedad alemana de la época (desgraciadamente vigente y extrapolable al conjunto de los países de la civilizada Europa en nuestros días), el film es sobre todo una descarnada radiografía para desentrañar los perversos mecanismos de ostracismo y/o asimilación de esa misma sociedad para con sus propios habitantes. Así, Emmi, elemento aparentemente integrado en la fría rutina de su triste existencia cotidiana, sufrirá el repudio y aislamiento de su entorno laboral y familiar a causa de su relación con el inmigrante Alí, y sólo será readmitida en función de su sometimiento a ciertos códigos de conducta o modos de pensar (Emmi exhibiendo el cuerpo de Alí ante sus compañeras de trabajo como si de un trofeo de caza se tratara, mientras admite que su marido “tiene sus caprichos. Su mentalidad extranjera” – fotograma 2) y, sobre todo, a su utilidad en la cadena socioeconómica de la comunidad (“En los negocios, uno tiene que disimular lo que no le gusta”, argumenta el tendero del barrio que había repudiado a Alí para justificar su hipócrita actitud ante Emmi con el fin de recuperarla como clienta).
 
Fassbinder filma esta situación con una puesta en escena tan sencilla como contundente (de la que sin duda alguna tomaría buena nota Aki Kaurismaki): desde el plano de la pareja ascendiendo las escaleras hacia el apartamento de Emmi bajo la atenta mirada de una de las vecinas (primer indicio de la presencia de un entorno opresivo y vigilante), hasta las dos primeras secuencias del almuerzo de Emmi con sus compañeras de trabajo (la primera con la protagonista perfectamente integrada en el espacio junto a sus acompañantes; la segunda, tras salir a la luz su relación con Alí, con el personaje físicamente segregado por las mismas – fotogramas 3 y 4), y también a través de los numerosos planos en los que vemos a la pareja protagonista desde el exterior de la estancia en la que se encuentran (siempre a través del dintel de la puerta), se diría que físicamente aislados del mundo exterior (en la cocina de Emmi o en el salón del restaurante al que acuden tras su boda – fotograma 5).
 
El aislamiento de la pareja se hace insoportablemente evidente en cada secuencia, como vemos en el plano de Emmi y Alí, sentados en la terraza vacía de un café, bajo la intolerante mirada del personal de servicio (“Soy tan feliz por un lado, y por el otro no puedo soportarlo más. Todo ese odio… ¡De todos!”). Pero el ostracismo sobre Emmi es incluso mayor que el que sufre Alí (o acaso más lacerante, por sobrevenido e imprevisto, al ser ejercido sobre un miembro de la comunidad), por cuanto la protagonista será rechazada no sólo por la familia, el vecindario y sus compañeras de trabajo, sino incluso por el entorno más cercano al propio Alí: “No es natural”, sentencia con desdén Barbara mientras observa a Emmi y Alí bailando para celebrar su compromiso matrimonial. La misma Barbara que no tiene ningún reparo en aceptar a Alí como amante sexual (casi como mascota semental, como remarca Fassbinder en el plano de Alí esperando de espaldas en la alcoba de Barbara, de nuevo a través del dintel de la puerta de la estancia) pero que observa con el mismo desagrado que el resto la insensata pretensión de la pareja protagonista de ser aceptados por la comunidad. Y aquí cabe sumar, a los prejuicios raciales, los provocados por la diferencia de edad entre el joven Alí y la ya madura Emmi, algo que quedará terriblemente evidente cuando, al presentarse en el taller en el que trabaja Alí, la protagonista será públicamente humillada por el resto de trabajadores (ante el cobarde silencio del propio Alí) al ser recibida entre carcajadas como “la abuela de Marruecos” de su compañero.
 
Bellísima y trágica historia de amor (de un Fassbinder militante en su personal actitud romántica), quedan sin embargo para el recuerdo los momentos en los que afloran de manera más sincera los sentimientos entre la pareja protagonista: Emmi abrazándose a Alí tras la primera noche en su apartamento (fotograma 6), observando admirada la belleza del cuerpo de su amado (“eres muy hermoso, Alí”), o sosteniendo entre sollozos su mano en el hospital, en el plano final de este arrebatado y duro drama romántico.
 
David Vericat
© cinema esencial (febrero 2016)

VÍDEOS: 
Escena inicial
puntuación: 
9

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