Testigo de cargo

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Director:

Título Original: Witness for the Prosecution / Año: 1957 / País: Estados Unidos / Productora: United Artists / Duración: 114 min. / Formato: BN - 1.66:1
Guión: Billy Wilder, Harry Kurnitz (Teatro: Agatha Christie) / Fotografía: Russell Harlan / Música: Matty Malneck
Reparto: Tyrone Power, Marlene Dietrich, Charles Laughton, Elsa Lanchester, John Williams, Una O'Connor, Henry Daniel, Norma Varden, Torin Thatcher, Philip Sonidoge, Ian Wolfe, Francis Compton
Fecha estreno: 17/12/1957 (USA)

Que la sola mención del nombre de Billy Wilder evoque, de manera casi automática, a la comedia, no debe hacer perder de vista al cinéfilo más avisado algo cuya constatación clara nos ofrece una somera mirada a su filmografía, y es la condición de auténtico 'todo-terreno' de Wilder, director capaz de abordar, con notable pericia técnica, amén de una inquebrantable vocación de 'entretenedor', cualquier ámbito genérico. Es en ese contexto en el que cobra particular interés proyectar una mirada atenta a una pieza que, como Testigo de cargo, constituye una muestra canónica de suspense criminal, que combina los atributos más convencionales del whodunit con los de una trama judicial típica, trufado de unas gotas de humor (socarrón, ácido, negro...) 'marca de la casa' y manufacturado con una liviandad narrativa notable. ¿Demasiados ingredientes en la coctelera? Veamos...
 
La historia arranca con sir Wilfried Roberts (Charles Laughton) retornando a su bufete profesional, acompañado de su insufrible enfermera, miss Plimsoll (Elsa Lanchester), tras haber estado hospitalizado durante varios meses a consecuencia de un ataque cardiaco, que, en principio, y muy a su pesar, ha de apartarle de las causas criminales que le habían consagrado como el mejor abogado penalista de Londres. Este arranque nos muestra ya los rasgos fundamentales de uno de los tres personajes principales de la función: un tipo gruñón y pagado de sí mismo, consciente de su reputación y prestigio, además de absolutamente envenenado por una pasión absoluta respecto a su trabajo, lo que le llevará, en contra de los designios de su entorno, a asumir un nuevo (y fascinante) caso: el del asesinato de una madura viuda del que resulta acusado Leonard Vole (Tyrone Power), un dandy diletante y pinturero cuyas trazas no se ajustan demasiado a las de un criminal al uso, pero al que las circunstancias apuntan de manera más que evidente. Carnaza más que sobrada para un 'tiburón' ávido de retos a la altura de su (auto)estima, pero que aún se ha de ver adobada con un último elemento arrebatador, que no es otro que el tercer vértice del triángulo, Christina Vole  (Marlene Dietrich), esposa del acusado y responsable última de que sir Wilfried descarte sus últimos reparos y acceda a asumir la defensa de su marido con todas las consecuencias.
 
A partir de ese momento, el desarrollo de la trama cambia de ubicación, y 'salta' desde el despacho profesional de sir Wilfried, en cuyas dependencias se ha ubicado hasta ese momento la práctica totalidad de las secuencias (determinando una puesta en escena de acusado carácter teatral - fotograma 1), al que será escenario principal, y casi único (con la única excepción de un par de salidas), del resto de la historia: la sala de vistas del tribunal encargado de juzgar a Leonard Vole (fotograma 2), en la que asistiremos al desarrollo de un juicio marcado por algunos de los elementos más característicos del subgénero (puesta en juego continua de argucias procesales; interrogatorios incisivos y agudos; alegatos brillantes y arrebatadores - elementos en todos los cuales brilla con un desempeño excelente el maestro Laughton), si bien festoneados por apuntes humorísticos (los que sigue proporcionando esa 'subtrama sanitaria' en la que el enfrentamiento entre el letrado y su enfermera no ceja en su virulencia) y giros argumentales, desplegados en ese arco abierto entre la inocencia y la culpabilidad de Vole, destinados a propinar golpes de efecto en el trayecto hacia la resolución de la historia, entre los cuales quizá sobra alguna explicación expresa (como la que despliega Christina Vole ante el abatido sir Wilfried - fotograma 3 - tras la absolución del acusado) que podía haberse obviado en beneficio de mantener alguna incertidumbre abierta en el espectador.
 
La resultante final es la de un cóctel sabroso y que se degusta con tanto agrado como ligereza, pero que, muy probablemente, no alcanza la vitriólica brillantez con que Wilder nos obsequió en sus propuestas más señeras. El generoso favor del público quizá compense esa pequeña debilidad, y no venga sino a demostrarnos que incluso en un 'Wilder-B' hay suficiente talento como para obviar cualquier posible carencia: aval suficiente como para esgrimir una defensa digna del entusiasmo deontológico de su protagonista (un referente de principios para todo aquel que entienda la abogacía más como una causa que como una profesión). Vista para sentencia, juzguen ustedes, señores y señoras del jurado…
 
Manuel Márquez Chapresto
© cinema esencial (julio 2015)
 
Puntuación de Manuel M. Chapresto: 7

VÍDEOS: 
Trailer (V.O.I.)
puntuación: 
6

Comentarios

Sobre gustos... Y sobre opiniones... Nadie tiene la verdad absoluta. No estoy de acuerdo con la crítica. Pienso que es una de las grandes obras de Wilder, director que sobresalió en clásicos de la comedia (The apartment), del policial negro (Double Indemnity)... Esta película muy bien podría ser de Hitchcock.a

Como dices: sobre gustos... Sabemos que se trata de uno de los títulos de Wilder preferidos por buena parte de la cinefilia, por eso lo recogemos en la web. En todo caso, disentimos en la idea generalmente aceptada de las similitudes de la película con el cine de Hitchcock, sobre todo en el aspecto formal. Un saludo y gracias por tu comentario.

Concuerdo total y absolutamente.

Esta mas que claro que la dirigio Billy Wilder. Sus toques de humor, socarron y acido estan ahi. De los actores son los idoneos para el papel .Y esta clarisimo que no hay ni rastro de Hitchcock, es Billy Wilder por los cuatro costadoa.

Por supuesto es Wilder por los cuatro costados, aunque algunos pensamos que muy lejos de su mejor forma. Por otro lado, la mención a Hitchcock la hizo el propio Wilder cuando, de manera un tanto temeraria, explicó sus motivaciones al rodar la pelicula: 'Me dije: “Ahora voy a hacer una película mejor que Hitchcock” e hice Testigo de cargo'

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