Wilder

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Testigo de cargo

Que la sola mención del nombre de Billy Wilder evoque, de manera casi automática, a la comedia, no debe hacer perder de vista al cinéfilo más avisado algo cuya constatación clara nos ofrece una somera mirada a su filmografía, y es la condición de auténtico 'todo-terreno' de Wilder, director capaz de abordar, con notable pericia técnica, amén de una inquebrantable vocación de 'entretenedor', cualquier ámbito genérico.

Director:

Uno, dos, tres

1961. Las tensiones de la Guerra Fría están empezando a tomar “velocidad de crucero”, un contexto en el cual el cine, siempre atento a recoger y llevar a la pantalla las temáticas más en sintonía con las preocupaciones globales (taquilla manda), apunta a géneros (el terror de corte fantástico-apocalíptico, o el suspense de espionaje) lindantes con tales terrenos. Pero hace falta mucha personalidad (aún tardarían llegar los tiempos en que todo era desmitificable y sometible a ironías y sarcasmos sin dar lugar a escándalos serios) para someter esa temática a un tratamiento cómico. ¿Problema?

Director:

El crepúsculo de los dioses

“Pobre imbécil, siempre quiso una piscina. Al final consiguió su piscina, pero a un precio demasiado alto”
 
Quien así habla de sí mismo es el cadáver de Joe Gillis (William Holden), que encontramos al inicio del film flotando en la piscina de una gran mansión de Los Ángeles. Una voz en off mediante la cual el protagonista nos narrará la trágica historia de sus últimos seis meses de vida ofreciéndonos de paso una de las más despiadadas visiones de Hollywood que se haya rodado jamás desde la misma fábrica de sueños.
 

Director: