El manantial de la doncella

El manantial de la doncella
Director:

Título Original: Jungfrukällan / Año: 1960 /  País: Suecia / Productora: Svensk Filmindustri / Duración: 88 min. / Formato: B/N - 1.37:1
Guión: Ulla Isaksson / Fotografía: Sven Nykvist / Música: Erik Nordgren
Reparto:  Max von Sydow, Birgitta Valberg, Gunnel Lindblom, Birgitta Pettersson, Axel Düberg, Allan Edwall, Tor Isedal
Fecha de estreno: 08/02/1960 (Estocolmo)

El manantial de la doncella se abre con la imagen de Ingeri (Gunnel Lindblom) avivando el fuego para preparar el desayuno en la granja de Töre (Max von Sydow). Con la hoguera encendida, y tras la irrupción de los primeros rayos de sol en la estancia, la joven invoca a Odín, el dios pagano, mientras que en la alcoba de Töre, la esposa Marëta (Birgitta Valberg) reza ante la imagen del Cristo en la cruz y hace penitencia vertiendo sobre sus muñecas la cera caliente de un cirio.
 
La confrontación entre paganismo y cristianismo será una constante en la adaptación de esta hermosa y dura leyenda del siglo XIV, en la que Bergman encuentra un marco idóneo para tratar algunos de los temas presentes en la mayor parte de su filmografía: la religión, la muerte, el amor, la culpa y la venganza. En esta confrontación, sin embargo, ninguna de las dos manifestaciones religiosas es mostrada como una doctrina liberadora, sino más bien al contrario, como fuerzas coercitivas o generadoras de violencia: Ingeri, hija bastarda de Töre que malvive como criada en la granja de la familia, invoca a Odín clamando venganza hacia Karin (Birgitta Pettersson), la joven hija de Töre y Marëta que recibe todas las atenciones que a ella le son negadas; mientras que la esposa y madre Marëta vive su fe desde una concepción restrictiva de la religión como elemento de prohibición y de sacrificio (Bergman plasma la opresiva presencia de las dos formas de religión en el magnífico plano de los miembros de la familia rezando en torno a la mesa del desayuno – rito cristiano - mediante una composición de la imagen dominada por la enorme traviesa de madera sobre el fuego cuya silueta sugiere claramente la de un misterioso ser mitológico – rito pagano – fotograma 1).
 
Es viernes santo, y la joven Karin debe llevar las velas al altar de la iglesia como ofrenda a la Virgen. Frente a la religión como fuerza opresora, Karin representa la vitalidad y sensualidad de la juventud despreocupada, tal como vemos en la escena en la que la joven doncella se viste con sus mejores ropas para acudir a la iglesia (lo que para la madre es una parte del rito religioso, para Karin es simplemente una nueva oportunidad de lucir su belleza, algo que Marëta reprocha a su hija desde su cerrada concepción moral: “Si te sales con la tuya harás feliz al diablo. Los ángeles te castigaran con granos y dolor de muelas”). Una vitalidad, la de la joven doncella, que se verá reforzada durante la primera parte del trayecto de Karin e Ingeri hacia la iglesia mediante las imágenes de un paisaje dominado por la frondosidad y exuberancia de la naturaleza (fotograma 2).
 
Sin embargo, tras el paso de las dos jóvenes por la cabaña de un viejo hechicero, y a partir de la decisión de Karin de proseguir el camino en solitario por los temores de Ingeri a seguir avanzando (presintiendo la tragedia que ella misma ha invocado), el paisaje se vuelve más agreste y la exuberancia cede paso a la desnudez de una vegetación inerte, llena de ramas con formas amenazantes, tal como vemos en el travelling de Ingeri avanzando a duras penas tras los pasos de Karin, o en la imagen de la propia Karin acechada por los tres pastores justo antes de ser abordada por los mismos (fotograma 3).. Esta imagen de las ramas desnudas será también el elemento dominante durante la violación y asesinato de la doncella a manos de los pastores, una escena que Bergman nos muestra con fría y desnuda crudeza, como si estuviéramos contemplando el impasible ataque de unos depredadores sobre su confiada presa (y que culminará con el gesto del más joven de los pastores, incapaz de asimilar la crueldad del crimen cometido por sus hermanos, echando puñados de tierra sobre el cuerpo sin vida de Karin en un vano intento de hacer desaparecer el rastro de la violencia).
 
Tras el horrible crimen, la no menos terrible venganza, que tendrá lugar en la granja del propio Töre, a la que llegan los pastores en plena noche en busca de refugio. Tres momentos a destacar por encima de todos en esta parte del film: el llanto ahogado de Marëte entre las ropas manchadas de sangre de Karin (que los pastores pretendían vender a la propia madre); la imagen de Töre abatiendo con la única fuerza de sus brazos el tronco de un abedul con el que se purificará antes de ejecutar su venganza (fotograma 4 - el padre descargando su silenciosa ira contra la naturaleza impasible); y el plano de Marëte abalanzándose sobre el cuerpo del más joven de los pastores, una vez consumada la venganza por parte de Töre (el instintivo gesto de piedad de la madre ante la imagen del joven sin vida).
 
Reunidos en el lugar del crimen, frente al cuerpo inerte de Karin, Marëte y Töre expresan su impotencia y su desesperación a través de la culpa (Marëte: “La quería mucho. Más que al mismo Dios. Te quería más a ti y empecé a odiarte. Me está castigando. La culpa es mía”) y de la duda (Töre, exhortando a Dios en un sobrecogedor plano de espaldas: “¿Ves esto? La muerte de una doncella y mi venganza. Tú lo permitiste. No lo entiendo…” - (fotograma 5). Palabras que encuentran respuesta no en el dogma, sino en la propia naturaleza (dueña de la muerte y de la vida, escenario impasible de la crueldad y de la belleza), a través del manantial de agua cristalina y purificadora que surge milagrosamente al retirar el cuerpo sin vida de la joven doncella.
 
David Vericat
© cinema esencial (marzo 2014)
 
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VÍDEOS: 
Trailer (V.O.)
Pelicula completa (V.O.S.I.)
puntuación: 
10

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