Fat City, ciudad dorada

Fat City, ciudad dorada
Director:

Título Original: Fat City / Año: 1972 / País: Estados Unidos / Productora: Columbia Pictures / Rastar / Duración: 96 min. / Formato: Color - 1.85:1
Guión: Leonard Gardner (Novela: Leonard Gardner) / Fotografía: Conrad Hall / Música: Marvin Hamlisch
Reparto: Stacy Keach, Jeff Bridges, Susan Tyrrell, Candy Clark, Nicholas Colasanto
Fecha de estreno: 12/05/1972 (Cannes Film Festival)

"El ayer está muerto y ya pasó
y el mañana aún no se ve.
Es triste estar solo.
Ayúdame a pasar la noche."

 
Los acordes de la espléndida Help me make it through the night de Kris Kristofferson sirven de acompañamiento a las imágenes de apertura de Fat City (Ciudad Dorada), irónico seudónimo de la ciudad californiana de Stockton en la que se sitúa esta tristísima película sobre la soledad y la derrota encarnadas en el veterano boxeador Tully (Stacy Keach). Tras un breve prólogo en el que recorremos algunas de las zonas más humildes de la ciudad (mostrándonos las calles repletas de mendigos, ancianos y desempleados) la cámara se introduce en el minúsculo apartamento de Tully, al que descubrimos completamente inerte sobre la cama, justo en el momento de llevarse un cigarrillo a los labios y, después de buscar infructuosamente lumbre, observar a través de la ventana, la mirada perdida en la nada (fotograma 1).
 
Es difícil encontrar otra película que plasme de manera tan descarnada el fracaso (uno de los temas preferidos del Huston, y el que desde mi punto de vista ha suscitado sus mejores obras): desde la espléndida secuencia inicial, la cámara seguirá el errático deambular del protagonista en su desesperada lucha contra la soledad, en un escenario en el que el tiempo parece haber pasado de largo, dejando tras de sí una estela de personajes abandonados en la cuneta de la vida.
 
“Le vi una vez boxear”, confiesa el joven Ernie (Jeff Bridges) después de conocer al protagonista en el gimnasio; “Ah sí, ¿y gané?”, pregunta Tully con indisimulada esperanza después de alardear de su pasado profesional; “No”, responde lacónico Ernie. A partir de este primer encuentro la película se estructura siguiendo en paralelo la evolución de ambos personajes: Ernie empezando a pelear a las órdenes del antiguo entrenador de Tully, Ruben Luna (Nicholas Colasanto – magnífico en la secuencia en la que le comenta a su mujer su nuevo fichaje, incapaz de ocultar la ilusión por la posibilidad de volver al circuito: “Tengo un nuevo chaval que promete. Buena planta, buen juego de piernas... y es blanco, ¿sabes?”), mientras Tully malvive a base de miserables trabajos como jornalero en el campo.
 
Con una puesta en escena y un trabajo actoral que hace pensar inevitablemente en el cine de Cassavetes, Huston retrata un mundo de perdedores en busca de su última tabla de salvación: el protagonista, Tully, el joven Ernie, pero también la alcohólica Oma (extraordinaria, Susan Tyrrell) y, cómo no, el boxeador Lucero (Sixto Rodríguez, un pugilista en la vida real que pasó por el circuito profesional sin pena ni gloria), rival de Tully en su patética reaparición sobre la lona y protagonista de la que es sin duda una de las más demoledoras escenas de la película: finalizado el combate, tras abandonar victorioso el pabellón Tully y sus acompañantes (una victoria que Huston filma con un estilo alejado de cualquier tono épico, como no podía ser de ptra manera), la cámara permanece inmóvil sobre el corredor de salida hasta que vemos aparecer la silueta de Lucero, avanzando en solitario al tiempo que se van apagando las luces a su paso hasta desaparecer completamente (desvanecerse como un fantasma, me atrevería a decir) en la oscuridad (fotograma 2). Pocas veces el cine ha retratado de manera más desoladora la imagen de la derrota en una pantalla.
 
Hay muchos otros momentos memorables en la película: el segundo encuentro entre Tully y Oma en el bar (fotograma 3 - una larga secuencia absolutamente magistral a nivel actoral y con un instante que no me resisto a mencionar, aun cuando puede parecer completamente banal: cerveza en mano, Tully pregunta a Oma por la situación de su pareja al tiempo que no puede evitar soltar un ruidoso eructo; y Stacy Keach consigue el milagro de que una reacción que en cualquier otra situación parecería desconsiderada y de mal gusto – por parte de Tully hacia Oma pero también por parte del propio actor hacia su personaje – aparezca aquí simplemente como una nueva muestra de la debilidad e indefensión del personaje); Ruben y Babe comentando las secuelas físicas que arrastran después de su pasado como boxeadores (“La primera vez que escupí sangre pensé que todo se acababa”; “Y yo, cuando me rompí la mandíbula”; “Tendrías que haberte arreglado el mentón”; “¿Y tu nariz? ¿Puedes respirar?”; “No en días húmedos” ); o, por supuesto, la estremecedora secuencia final en la cafetería (fotograma 4 - una imagen de innegables reminiscencias hopperianas), con Tully implorando a Ernie un poco de compañía: “Quédate un poco. Habla conmigo”.
 
David Vericat
© cinema esencial (enero 2015)

VÍDEOS: 
Trailer (V.O.I.)
puntuación: 
9

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