Mouchette

Mouchette
Director:

Título Original: Mouchette / Año: 1967 / País: Francia / Productora: Argos Films / Parc Film / Duración: 78 min. / Formato: B/N - 1.66:1
Guión: Robert Bresson (Libro: Georges Bernanos). / Fotografía: Ghislain Cloquet / Música: Jean Wiener
Reparto: Nadine Nortier, Jean-Claude Guilbert, Jean Vimenet, Marie Susini, Marie Cardinal, Paul Hébert
Fecha de estreno: 14/03/1967 (París)

Si hay un elemento característico en el cine de Bresson es su búsqueda (y consecución) de lo transcendental a través de los personajes más desfavorecidos o marginales de la sociedad, bien sea un condenado a muerte, un carterista, un burro de carga, o esta Mouchette que da título al octavo largometraje del director francés y que forma precisamente un estremecedor díptico sobre la crueldad con la anterior Al azar de Balthazar, rodada apenas un año antes.
 
Mouchette (extraordinaria Nadine Nortier, en uno de los milagros en forma de actuación que nos ha deparado Bresson para la historia del cine) es una niña que malvive en una situación de extrema pobreza y un entorno familiar miserable, con una madre postrada en el lecho a causa de una mortal enfermedad y un padre que la maltrata sin el más mínimo escrúpulo. En el opresivo paisaje rural de la historia, Mouchette es un personaje condenado a la marginalidad tanto por su situación familiar como, sobre todo, por la mirada intransigente y acusadora del resto de los habitantes del pueblo. Mouchette es, en definitiva y si se me permite la expresión, la tonta del pueblo: la rara, la fea, la pobre, la idiota; un personaje que es el blanco de la burla, el desprecio y el odio de una sociedad cerrada e intolerante que basa su existencia en las relaciones de poder y sumisión, antes que en la solidaridad y la comprensión.
 
Ya desde el plano inicial, Bresson pone claramente de manifiesto el vacío en el que se desarrolla la existencia de su protagonista: “¿Qué harán sin mí?”, se pregunta la madre (Marie Cardinal) justo antes de abandonar la imagen para postrarse definitivamente en el lecho de muerte. El plano de la silla vacía sobre la que aparecen los títulos de crédito (fotograma 1) expresa la ausencia de amor (simbolizado aquí por la pérdida del amor materno) que sufre Mouchette en su triste realidad cotidiana.
 
A partir de este momento, y en el corto lapso de tiempo en que se desarrolla la película (apenas un par de jornadas), Mouchette será testimonio y sufrirá en carne propia la opresión de un entorno que, como ya se ha apuntado, se rige por una concepción moral basada en el sometimiento y la represión por parte del orden prestablecido, ya sea en el ámbito escolar (en la secuencia en la que la protagonista es reprendida duramente por la maestra por ser incapaz de entonar las notas de una canción – fotograma 2), religioso (el padre empujando con violencia a Mouchette contra la pila de agua bendita de la iglesia) o social (de nuevo el padre, abofeteando a la protagonista por intentar entablar conversación con un muchacho en la feria).
 
Ante esta situación de permanente opresión del entorno, Mouchette reacciona con una rebeldía casi animal que se manifiesta tanto a través de pequeños gestos (ensuciándose los zapatos en el barro antes de entrar en la iglesia) como de forma mucho más ostensible (lanzando puñados de tierra contra sus compañeras de clase a la salida de la escuela). Unos gestos que contrastan con los que reserva para la madre moribunda, como vemos en el hermoso plano de Mouchette besando la mano de ésta en el lecho a su regreso de la escuela (fotograma 3).
 
Personaje empujado hacia la rebeldía y la inadaptación, Mouchette encontrará su reflejo en la figura de Arsène (Jean-Claude Guilbert) un cazador furtivo que mantiene una dura rivalidad con el guarda forestal Mathieu (Jean Vimenet), no tanto por sus actos delictivos en el bosque como por interponerse en la pretendida relación del guardia con la camarera Louize (Marine Trichet), hasta el punto de poner su autoridad en evidencia ante el resto de los habitantes del pueblo (“Te está dejando como un idiota”, les espetan a Mathieu sus compañeros en el bar mientras observan a Arsène con Louize en las atraciones de feria, a lo que el guarda únicamente puede responder arguyendo su autoridad como funcionario del orden: “Lo atraparé”). Una concepción del deseo basado en las relaciones de poder y violencia que Bresson ya ha reflejado previamente en la magnífica escena de la protagonista en los autos de choque.
 
Consecuentemente con esta idea, el encuentro de Mouchette con Arsène depara el que será un único y fugaz instante de plenitud de la protagonista. Un instante que toma forma cuando, para intentar calmar el ataque de epilepsia de Arsène, y sosteniendo con fuerza la cabeza del cazador en su regazo, Mouchette entona con naturalidad la canción que no había podido cantar en la escuela. Y que se verá abruptamente cercenado (pero, paradójicamente, también culminado) con la posterior violación de la joven a manos de Arsène (de nuevo, el deseo manifestado a través del poder, la violencia y la sumisión).
 
Mancillada y sin embargo orgullosamente rebelde, Mouchette regresa a casa para asistir al último suspiro de la madre. A la mañana siguiente, con el sonido de las campanas del pueblo tocando a difuntos, la joven es de nuevo acosada por la intransigencia de los habitantes del pueblo que la señalan acusatoriamente. “Hay mal en tus ojos”, le espeta la anciana que le acaba de ofrecer una mortaja para envolver el cadáver de su madre. Y Mouchette, de camino a casa y tras presenciar un nuevo episodio de violencia al toparse con unos cazadores de liebres, se envuelve con la mortaja y se deja caer rodando por la ladera hasta desaparecer bajo las aguas cristalinas de un río, en un último acto de rebeldía y liberación con el que el personaje parece fundirse finalmente con las fuerzas de la naturaleza (fotograma 4).
 
David Vericat
© cinema esencial (abril 2014)

VÍDEOS: 
Trailer (V.O.F.)
puntuación: 
10

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