Rebelde sin causa

Rebelde sin causa
Director:

Título Original: Rebel Without a Cause / Año: 1955 /  País: Estados Unidos / Productora: Warner Bros. Pictures / Duración: 111 min. / Formato: Color - 2.55:1
Guión: Stewart Stern, Irving Shulman (Argumento: Nicholas Ray) / Fotografía: Ernest Haller / Música: Leonard Rosenman
Reparto: James Dean, Natalie Wood, Sal Mineo, Jim Backus, Ann Doran, Corey Allen, William Hopper, Edward Platt, Nick Adams, Dennis Hopper
Fecha estreno: 26/10/1955 (NY)

Si en la espléndida Johnny Guitar, rodada justo un año antes, Nicholas Ray nos ofrecía un western de marcado tono operístico, se podría calificar a Rebelde sin causa como una historia de bandas urbanas en clave de gran musical: el formato scope, determinante para una puesta en escena de tomas largas y dinámicas coreografías dentro del plano, la expresiva utilización de los colores tan característica en Ray (curiosamente, en un film concebido inicialmente en blanco y negro), y la potencia de la banda sonora de Leonard Rosenman, son algunos de los elementos que invitan a analizar el film de Ray como uno de los grandes títulos de un género que, conviene no olvidarlo, pasaba por aquél entonces por una de sus etapas más fructíferas (con las grandes producciones de Vincente Minnelli y del tándem formado por Stanley Donen y Gene Kelly a la cabeza).
 
No es difícil, desde este punto de vista, identificar las principales secuencias que se corresponderían con los respectivos números de una producción musical y que se suceden en el transcurso de las veinticuatro horas exactas en que se desarrolla el argumento del filme (desde la madrugada en la que el joven Jim Stark – James Dean – es detenido en la comisaría hasta el trágico desenlace de la noche siguiente en el planetario):
 
Secuencia en la comisaría
Presentación de los tres personajes principales (el propio Jim, junto a  Judy - Natalie Wood - y Platón -Sal Mineo), y algunos de los secundarios (los padres de Jim, Frank y Carol Stark - Jim Backus y Ann Doran -  y el oficial de menores Ray Fremick - Edward Platt). Ray utiliza los desplazamientos  de los personajes para anticipar la unión del triángulo formado por Jim, Judy y Platón: Judy, en el interior de la oficina se gira hacia el vestíbulo y observa a Jim a través de la cristalera (la cámara realiza un ligero travelling de avance hasta encuadrar a los dos personajes); corte a un plano medio de Jim, que se levanta y avanza hacia Platón para ofrecerle su cazadora, con el correspondiente travelling en retroceso que finaliza en un plano general con los tres personajes en cuadro (Judy, en el interior de la oficina, y Platón y Jim en el vestíbulo de la comisaría – fotograma 1). A destacar igualmente en esta secuencia: el abrigo rojo de Judy (un color fatídico que irá pasando de un a otro personaje a lo largo de la película) y el plano de Jim observando a través de la mirilla a sus padres discutiendo (“¿Cómo puede alguien crecer en un circo como ese?”).
 
La pelea de navajas
Durante el primer día del instituto, a la salida del planetario, Buzz (Corey Allen) intenta provocar a Jim pinchando los neumáticos de su automóvil, lo que dará lugar al primer enfrentamiento entre ambos personajes con una pelea de navajas que Ray filma nuevamente como si de un número musical se tratara (alternando los planos de los dos combatientes con grandes planos generales de la pelea vista desde la terraza del planetario – fotograma 2).
 
El duelo en el promontorio de Millertown
Uno de los grandes momentos de la película: después de verse humillado ante los miembros de su banda por Jim, Buzz reta al protagonista a una nueva prueba para demostrar su valor en una suicida carrera de coches en la que el vencedor será el último que abandone el vehículo antes de llegar al acantilado contra el que deben lanzarse a toda velocidad. Tras intentar en vano compartir sus problemas con su padre (al que el protagonista sorprende una vez más en una actitud de completa sumisión y debilidad frente a su madre), Jim se enfunda su cazadora roja (el mismo rojo que habíamos visto en el abrigo de Judy, traspasado ahora al protagonista) para acudir a su duelo con Buzz.
El escenario está atiborrado de jóvenes que esperan con excitación que dé comienzo el absurdo espectáculo (“¿Por qué hacemos esto?”, le inquiere Jim a su contrincante antes de subir a los vehículos, a lo que Buzz responde, indolente, “Bueno, algo hay que hacer, ¿no?”). A una señal de Judy, la maestra de ceremonias, y como si de una enorme pista de baile se tratara, los faros de los coches alineados a ambos lados del circuito iluminan el trayecto que ha de llevar a los dos corredores hasta el acantilado (fotograma 3). La carrera da comienzo, y tras unos interminables segundos a tumba abierta, Jim salta de su vehículo mientras que Buzz acaba despeñándose por el acantilado al engancharse la chaqueta con la puerta justo en el momento de intentar abandonar el suyo. La mano de Jim rescatando el cuerpo asomado al vacío de una desconsolada Judy será el movimiento coreográfico que cerrará la secuencia (fotograma 4).
 
Primera escena de amor
Después de intentar en vano hablar con el oficial Fremick, Jim se encuentra con Judy, que le está esperando frente a su vivienda. La puesta en escena, acorde con el número musical romántico correspondiente, es aquí pausada, con planos cortos de la pareja compartiendo el encuadre y una elegante iluminación nocturna que envuelve a los personajes (fotograma 5).
 
La secuencia en la mansión abandonada
Huyendo del acoso de los miembros de la banda de Buzz (que quieren evitar a toda costa ser inculpados por la confesión de Jim ante el oficial Fremick), Jim, Judy y Platón se refugian en una mansión abandonada en la que, por un momento, escenifican una idílica existencia, aislados de todos sus conflictos sociales y familiares. El brevísimo e irreal instante de felicidad se verá interrumpido por la llegada de los compañeros de Buzz que sorprenden a Platón (al que Jim y Judy habían abandonado por un momento al quedarse dormido para seguir inspeccionando su guarida) dando lugar a una persecución que Ray filma de nuevo como si de una enérgica coreografía se tratara (fotograma 6), y que culminará con el atemorizado Platón hiriendo de un disparo a uno de sus perseguidores.
 
El desenlace en el planetario
Alertado por las sirenas de la policía, Platón se hace fuerte en el planetario. Es el número final de la tragedia: tras burlar la vigilancia de los agentes, Jim consigue entrar en el edificio y convence a Platón para entregarse. Antes de salir, el protagonista le deja su chaqueta roja para que pueda abrigarse. El rojo fatídico traspasado finalmente al personaje de Platón (fotograma 7), que en una nueva reacción de terror ante los faros de los coches de policía, intenta una última huida que provoca el mortal disparo de uno de los agentes que acabará con su vida.
Alarmados por la cazadora roja que llevaba Platón, los padres de Jim sonríen aliviados al comprobar la identidad de la víctima y asienten con semblante estúpido al ver a su hijo abrazado a Judy, mientras Ray dedica el último plano a la sirvienta que llora desconsolada la muerte del infortunado Platón (fotograma 8), antes de cerrar la película con un majestuoso movimiento de grúa sobre el escenario de la tragedia.
 
David Vericat
© cinema esencial (febrero 2016)

VÍDEOS: 
Trailer (V.O.I.)
puntuación: 
9

Añadir nuevo comentario