Stromboli, tierra de Dios

Stromboli, tierra de Dios
Director:

Título Original: Stromboli, terra di Dio / Año: 1950 /  País: Italia-USA / Productora: Berit Films / Bero Productions / RKO Radio Pictures / Duración: 107 min. / Formato: B/N - 1.37:1
Guión: Sergio Amidei, Gian Paolo Callegari, Roberto Rossellini / Fotografía: Otello Martelli / Música: Renzo Rossellini
Reparto:  Ingrid Bergman, Mario Vitale, Renzo Cesana, Mario Sponzo, Roberto Onorati, Gaetano Famularo
Fecha estreno: 15/02/1950 (USA)  - 26/08/1950 (Festival de Venecia)

Yo siempre espero que surja la duda. No hay nada más fértil que la duda. Cuando la gente cree firmemente en las cosas es un drama. Pero mientras hay una duda todavía hay esperanza
Roberto Rossellini
 
Karin (Ingrid Bergman) es una lituana recluida en un campo de refugiados de la Italia de posguerra que espera poder conseguir un visado para viajar a Argentina. Mientras aguarda la resolución de su caso, se deja querer por un militar que acude cada noche a cortejarla con la intención de casarse con ella. Antonio (Mario Vitale) representa para Karin la opción de emergencia para salir del campo de refugiados en el caso de que no pueda obtener al ansiado visado (“Mañana veremos, todo depende del visado para Argentina. Si me lo dan, ya sé lo que haré”, le confiesa sin disimulo a una de sus compañeras), aun cuando sea consciente de la enorme barrera psicológica que le separa de su pretendiente (tal como nos muestra Rossellini en el plano de la pareja separada por la alambrada del campo de refugiados – fotograma 1)
 
La protagonista de Stromboli es una superviviente, una mujer con un periplo que intuimos penoso y que, como consecuencia de ello, muestra pocos escrúpulos a la hora de intentar conseguir sus objetivos. Así, tras ver como es denegado su visado, Karin no duda en acogerse a su solución de emergencia y contraer matrimonio con Antonio, con quien partirá inmediatamente hacia la isla de Stromboli (Rossellini muestra la boda con un único plano en el que vemos a Karin con la mirada perdida, justo después del interrogatorio en el que se le deniega el visado, como si de otro trámite burocrático cualquiera se tratara).
 
Ya desde su desembarco en Stromboli, Karin se topa con una realidad que le resulta extraña y distante (la imagen de la protagonista caminando con dificultad sobre la negra lava de la playa sugiere la de un astronauta inspeccionando la superficie de un planeta desconocido) y en la que el hombre está supeditado a las fuerzas de la naturaleza (la tierra, el fuego, el aire y el agua) que dominan todos los paisajes de la isla. “La vida es dura aquí. Y también la tierra es dura”, le advierte el párroco de la isla a Karin a su llegada, y Rossellini plasma esta idea filmando el trayecto de Karin y Antonio hasta su vivienda mediante amplios planos generales en los que la pareja queda literalmente absorbida por el árido paisaje de la isla (fotograma 2).
 
Personaje en constante huida, muy pronto Karin comprende que Stromboli será una nueva prisión para ella, tal como sugiere Rossellini con la imagen de la protagonista sujetando el cabezal de su vieja cama cual barrotes de una celda (fotograma 3) o, poco después, cuando vemos a Karin buscando desesperadamente una salida a través de las laberínticas calles del pequeño pueblo. Una situación que es igualmente fruto de la cerrada mentalidad de los habitantes de la isla como de la intransigencia de la propia protagonista, empeñada en situarse un escalafón por encima de ellos (“Yo soy muy diferente. Pertenezco a otra raza. No puedo vivir en esta isla. Esta no es vida para gente civilizada”), lo que muy pronto va a provocar el rechazo de la protagonista por parte de la comunidad (“Te falta modestia, hija mía”, le advierte una anciana que se niega a entrar en la vivienda de Karin).
 
Cabe destacar aquí la habilidad de Rossellini para combinar en la película el drama íntimo de su protagonista con el retrato documental de la vida en Stromboli, destacando por encima de todas la secuencia de la pesca de los atunes, un prodigio de imágenes etnográficas tamizadas por la mirada subjetiva de Karin, que observa con horror lo que para ella no es más que un acto de barbarie. Y es que, en definitiva, la de Karin no deja de representar la visión desde la extrañeza de una comunidad para la que el tiempo parece haberse detenido, y en la que todo está supeditado a los impredecibles designios de las fuerzas de la naturaleza (representadas en este caso por el amenazante volcán que condiciona la vida en la isla), tal como queda reflejado en la magnífica secuencia de la erupción que obliga a los habitantes a refugiarse durante todo un día en el mar a bordo de las barcas de pesca, mientras rezan resignadamente esperando a poder regresar a sus viviendas.
 
Incapaz de soportar el encierro (físico y psicológico) al que se ve sometida, y al poco tiempo de saberse embarazada, Karin emprende una última y desesperada huida ascendiendo las escarpadas laderas del gran volcán con la intención de llegar a Ginostra, la población situada al otro lado de la isla. Una ascensión en la que la protagonista se enfrenta cara a cara con las fuerzas de la naturaleza y en la que comprenderá, por primera vez, que aquello que siempre había anhelado se encuentra potencialmente en su interior: “la fuerza, la comprensión y el coraje” que invoca por primera vez ante un ser superior al que hasta ahora había dado la espalda.
 
David Vericat
© cinema esencial (diciembre 2013)
 
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VÍDEOS: 
Fragmento: secuencia final (V.O.I.)
puntuación: 
9

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