Ford

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¡Qué verde era mi valle!

Igual que en la posterior El hombre que mató a Liberty Valance con respecto a la desaparición del salvaje oeste ante la irrupción de la ley y el orden impuestos por los nuevos tiempos, hay en ¡Qué verde era mi valle! un llanto sereno y resignado por un mundo de viejos valores que debe ceder paso irremisiblemente a una nueva época marcada por las reivindicaciones laborales y sociales frente a la opresión económica y religiosa de principios del pasado siglo.

Director:

Centauros del desierto

Si para muchos (entre los que me incluyo) John Ford es el Shakespeare del cine, no resulta demasiado osado afirmar que Centauros del desierto es en el arte del cinematógrafo el equivalente a La Odisea en la historia de la literatura (no sólo por las evidentes referencias temáticas del film al clásico literario sino, sobre todo, por la magnitud y los logros de la propia obra cinematográfica).

Director:

Pasión de los fuertes

"He conocido a Wyatt Earp. Fue el quien me contó la historia de O.K.Corral. Yo era entonces ayudante de dirección de mi hermano y rodábamos westerns. Los figurantes eran auténticos cowboys y eran verdaderos amigos de Wyatt Earp. Venía con frecuencia a verles y pude hablar con él. Temblaba al acercarme a él, tanto me intimidaba. Era un hombre bastante corpulento, muy avaro en palabras, de una calma sorprendente. No era un buen tirador, pero como era muy valiente, se acercaba mucho a su adversario antes de hacer fuego. Como en mi película, por lo demás.

Director:

Las uvas de la ira

Cinco décadas de carrera al más alto nivel han elevado el nombre de John Ford a la categoría de icono de la dirección cinematográfica, si bien, al igual que sucede con otros grandes nombres de la historia del cine, un afán de 'etiquetaje' no siempre justificado le ha terminado confinando, en el imaginario cinéfilo, a un género, el del western.

Director:

El hombre tranquilo

Las cocciones lentas dan como resultado los platillos más apetitosos, gustosos y sazonados. La historia de la realización de El hombre tranquilo tuvo un proceso laborioso y lento: quince años de espera y preparaciones que la convirtieron en una obra deliciosa y jugosa en el momento de su estreno, y que sesenta años después continúa arrojando sobre el espectador la misma magia ingenua (pero tremendamente efectiva) que en su época esparció.

Director: