Cuerpo y alma

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Cuerpo y alma
Director:
Robert Rossen

Título Original: Body and Soul / Año: 1947 / País: Estados Unidos / Productora: Enterprise / United Artists / Duración: 104 min. / Formato: BN - 1.37:1
Guión: Abraham Polonsky / Fotografía: James Wong Howe / Música: Hugo Friedhofer
Reparto: John Garfield, Lilli Palmer, Hazel Brooks, Anne Revere, William Conrad, Joseph Pevney, Lloyd Gough, Canada Lee
Fecha estreno: 22/08/1947 (USA)

Un cuadrilátero de entrenamiento en la noche, con la única e inerte presencia de un saco de boxeo; la cámara realiza un suave movimiento de grúa recorriendo las desnudas ramas de un árbol que proyecta sus amenazantes sombras contra una ventana tras la cual divisamos la silueta de Charley Davis (John Garfield) tumbado en la cama (fotograma 1); corte a un primer plano, justo en el momento en que Charley despierta de una pesadilla gritando el nombre de Ben. Alterado, el protagonista toma un automóvil y conduce a toda velocidad hasta la modesta vivienda en la que vive su madre, Anna (Anne Revere). “Ben ha muerto”, solloza Charley ante la mirada entre sorprendida y angustiada de la madre, que simplemente alcanza a responder, a modo de advertencia, “Peg está durmiendo aquí”, justo en el momento en que ésta (Lilli Palmer) entra en la estancia, para, en seguida, implorar con vehemencia a su hijo: “Vete, Charley”. Es la víspera del gran combate, y Charley acarrea su angustia de bar en bar (“Son las 3 de la madrugada, mañana peleas y estás borracho”, le advierte inmisericorde la pérfida Alice - Hazel Brooks). Pocas horas más tarde, tumbado en la camilla de su vestuario, Charley recibe la visita del mafioso Roberts (Lloyd Gough), que le recuerda con tono áspero su trato: “Sin daños ni K.O. Tú pierdes limpiamente. Te llevas tu dinero y quedamos en paz”. De nuevo sólo, Charley se lamenta, “Todo se va al garete. Todos estos años al garete”, mientras la cámara realiza un lento movimiento de grúa en retroceso (inverso al plano inicial de la película – fotograma 2).
 
Han sido tan sólo diez minutos de película (¡pero qué diez minutos!) en los que Rossen, gracias al (casi) impecable guion de Abraham Polonsky y a su habitual y contundente puesta en escena, plantea de modo magistral la situación extrema del protagonista, apuntando los problemas que le asolan (como un buque a la deriva con múltiples vías de agua) pero dejando únicamente entrever las verdaderas causas y explicaciones de cada uno de ellos: ¿Quién es ese Ben por quien llora Charley? ¿Cuál ha sido el motivo de su ruptura con Peg? ¿Cuál la razón del rechazo que sufre por parte de su propia madre? ¿Qué le ha llevado a vender su derrota en el combate en el que está a punto de participar? Preguntas que quedan planteadas en este magnífico arranque y cuyas respuestas Rossen irá desgranando en el largo flashback en el que se nos narrará la ascendencia y caída del protagonista en el sucio mundo del boxeo.
 
Conviene sin embargo detenerse en la inteligentísima estructura narrativa planteada por Polonsky y Rossen: al contrario de la mayor parte de filmes cuya trama principal se narra mediante uno o varios flashbacks (piénsese, por citar algunos títulos célebres, en Cautivos del mal, El crepúsculo de los dioses o, en el mismo subgénero del cine sobre boxeo, Toro Salvaje), en los que, en el arranque que da paso a la narración de los hechos pasados, el protagonista se encuentra en una situación terminal que no va a evolucionar (repudiado Jonathan Shields en Cautivos, muerto Joe Gillis en El Crepúsculo, fracasado Jake La Motta en Toro Salvaje) y, en consecuencia, el interés del flashback es el de mostrar las causas que han llevado al personaje hasta dicha situación, en Cuerpo y alma el flashback se inicia justo en el momento en que el protagonista debe enfrentarse al mayor dilema moral de su carrera como boxeador (dejarse ganar por una importante suma de dinero en su última pelea como profesional o salir al ring a por la victoria perdiendo todo lo que había apostado por su rival), dejando la resolución de este conflicto moral (por supuesto, el principal de la historia) en suspenso (algo parecido a lo que sucede en la extraordinaria Retorno al pasado, uno de los ejemplos más brillantes de utilización de este recurso en la historia del cinematógrafo). De este modo, la narración de todos los hechos del pasado adquieren una significación más trascendente si cabe: no sólo nos explicarán las causas que han llevado a Charley Davis hasta la situación límite en la que se encuentra (el distanciamiento de Charley con respecto a su madre y su ruptura con Peg tras su fulgurante éxito profesional a costa de cualquier premisa ética, la muerte de su gran amigo Shorty - Joseph Pevney – después de su enfrentamiento con Roberts – quizá uno de los pocos momentos un tanto forzados del filme -  y, sobre todo, la del pugilista Ben Chaplin - Canada Lee -, con el que Charley se enfrenta en el ring desconociendo que tiene una lesión cerebral que le incapacita para seguir peleando – en otra vil maniobra de Roberts para sacar el máximo partido de un negocio que controla a su antojo), sino que nos permitirán reconocernos en el protagonista y, una vez de regreso al tiempo presente de la narración, afrontar con él la última y más importante pelea a la que deberá enfrentarse en su trayectoria vital (y aquí Rossen vuelve a ofrecernos una pirueta magistral, montando con perfecto raccord de movimiento el plano de inicial de Charley gritando el nombre de Ben al despertarse, con el del protagonista, ya en el vestuario y en un gesto idéntico, justo antes de salir hacia el cuadrilátero).
 
Cargado al máximo el depósito psicológico del protagonista (sus luces y sus sombras, su fortaleza y sus debilidades), la narración del que será el último combate de su carrera (imposible borrar de la memoria ese último asalto en medio del tenso silencio que se apodera de la multitud expectante – fotograma 3) nos dejará uno de los más emocionantes relatos cinematográficos sobre el eterno conflicto del individuo entre la corrupción moral y la integridad ética.
 
David Vericat
© cinema esencial (julio 2015)
 
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