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El terror de las chicas

Tipificar los films de Jerry Lewis como “cómicos” es pernicioso: origina la ansiedad de la risa, que puede no aparecer, o hacerlo de manera forzada en el espectador. El estigma del personaje de Jerry Lewis como clown “idiota” (“cuando dirijo, hago de padre; cuando escribo, hago de hombre; cuando actúo, hago el idiota”) cultiva una mirada unidireccional hacia sus películas que consolida un imaginario colectivo desacertado del que se resiente su cine.

Director:

¡Qué bello es vivir!

"Un hombre sencillo y honesto, acorralado por depredadores sofisticados, puede, si lo desea, llegar hasta lo más profundo de sus recursos dados por Dios y surgir con todo el valor, ingenio y amor necesarios para triunfar sobre su entorno. Ese tema prevalecería en todos - excepto en dos - mis filmes posteriores. Era el grito de rebeldía del individuo contra ser pisoteado hasta verse reducido a pulpa por la masa: la producción en masa, el pensamiento en masa, la educación en masa, la riqueza en masa, la conformidad en masa"
Frank Capra
 

Director:

La ley de la hospitalidad

Segundo largometraje (aquí en codirección con John G. Blystone) tras Las tres edades (también de 1923), La ley de la hospitalidad es la primera gran obra de Buster Keaton, un film de ritmo trepidante y repleto de ingeniosos gags que combinan una puesta en escena eficacísima con el habitual despliegue físico de su protagonista en muchas de sus secuencias (especialmente  en la parte final de la película).
 

Director:

Anatomía de un asesinato

Detesto a quienes piensan primero en la cámara, y después en las historias que deben representar. ¿Qué le importa al público cómo se mueve la cámara? El público se fija en los personajes, en lo que dicen, en lo que quieren. No sabe nada de imágenes, de luces, de panorámicas, de travellings, y no verifica siquiera su existencia. Salvo los cinéfilos, naturalmente. Pero yo no hago cine para ellos, y nunca lo haré
Otto Preminger
 

Director:

Las uvas de la ira

Cinco décadas de carrera al más alto nivel han elevado el nombre de John Ford a la categoría de icono de la dirección cinematográfica, si bien, al igual que sucede con otros grandes nombres de la historia del cine, un afán de 'etiquetaje' no siempre justificado le ha terminado confinando, en el imaginario cinéfilo, a un género, el del western.

Director:

París, Texas

La imagen inicial es tan chocante como fascinante: un hombre (Harry Dean Stanton) ataviado con raídos traje, camisa, corbata y gorra roja avanza a través de un inmenso paisaje desértico (fotograma 1). La mirada extraviada, el cuerpo rígido, tan solo activadas las piernas, que parecen articularse de manera autónoma, como con un resorte mecánico. No será hasta pasados unos minutos, cuando es atendido en un puesto de socorro tras caer inconsciente (aparición como médico del director alemán Bernhard Wicki), que sabremos su nombre: Travis.

Director:

Los asesinos de la luna de miel

De entre los “directores de una sola película”, el caso de Leonard Kastle es sin duda uno de los más singulares de la historia del cinematógrafo. Compositor, libretista y director de ópera, este músico neoyorkino recibió el encargo del productor televisivo Warren Steibel de realizar un tratamiento cinematográfico de la historia real de los asesinos de Lonely Hearts, Raymond Martínez y Martha Beck, ejecutados en la silla eléctrica en marzo de 1951 después de varios asesinatos cometidos en 1949.

Director:
Leonard Kastle