La mujer del cuadro

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La mujer del cuadro
Director:

Título Original: The Woman in the Window / Año: 1944 /  País: Estados Unidos / Productora: International Pictures. Distribuida por RKO / Duración: 99 min. / Formato: B/N - 1.37:1
Guión: Nunnally Johnson (Novela: J.H. Wallis) / Fotografía: Milton Krasner / Música: Arthur Lange
Reparto:  Edward G. Robinson, Joan Bennett, Raymond Massey, Edmund Breon, Dan Duryea, Thomas E. Jackson, Dorothy Peterson, Arthur Loft, Frank Dawson
Fecha estreno: 25/10/1944 (Minneapolis, Minnesota)

Ante todo, uso mi cámara de manera que muestre las cosas, cuando sea posible, desde el punto de vista del protagonista; así mi público se identifica con el personaje en la pantalla y piensa con él”  
Fritz Lang
 
The Woman in the window es la película que mejor aborda uno de los temas  recurrentes en la filmografía de Lang: el dilema al que se enfrenta todo individuo a la hora de elegir entre las comodidades de una vida convencional o la atracción de una existencia al margen de las normas sociales (tema que podemos encontrar también en Scarlet Street, Clash by night o Human desire, entre otros títulos del autor). Esta idea queda magistralmente reflejada en el mismo arranque del film: en una estación de tren, el profesor Richard Wanley (Edward G. Robinson) se despide de su esposa e hijos, que parten de vacaciones. La cámara les sigue en travelling hacia la derecha (fotograma 1). Cambio de escena: Wanley, ya solo, camina por la ciudad en sentido contrario hasta dar con el escaparate en el que ve por primera vez el a “la mujer del cuadro” (fotograma 2). El dilema entre una vida convencional (travelling hacia la derecha) y otra más excitante (movimiento contrario) queda plasmado con la máxima sencillez y eficacia.
 
El descubrimiento del cuadro por parte de Wanley (y la fascinación que el retrato de Alice produce en el protagonista) le sirve a demás a Lang para ofrecer una de las imágenes más características de toda su filmografía (prácticamente un leiv-motiv en la obra languiana): los personajes frente a un escaparate como idea de “lo deseado”, casi siempre equivalente a “lo inalcanzable” (normalmente por culpa de las fuerzas del destino, otro de los temas omnipresentes en la obra de Lang). Prácticamente todos los primeros títulos de la etapa americana de Lang contienen esta imagen icónica, que el director combina (y substituye progresivamente) con el recurso de los espejos, que toman la misma significación como reflejo de un ideal inalcanzable. En todo caso, probablemente en ningún otro film de Lang esta imagen está tan perfectamente integrada y bellamente expuesta.
 
A partir de este momento, Lang plantea una película que se basa en los mecanismos del film noir  con la particularidad de que el héroe de la historia no es un policía o un detective sino un simple “hombre común” (personaje predilecto de Lang) sin ninguna especial capacidad para actuar en este entorno (a diferencia del héroe hitchcockniano, por ejemplo, con muchos más recursos en ese sentido). Edward G. Robinson encarna magistralmente este “hombre común”: mucho más convincentemente que el esforzado Spencer Tracy en la por otro lado magnífica Fury, G. Robinson transmite de manera espléndida la vulnerabilidad de su personaje, además de un ambivalente sentimiento de miedo y atracción hacia la lo desconocido, materializado aquí en el retrato de Alice (Joan Bennet).
 
Gracias al magnífico trabajo de G. Robinson, pero, sobre todo, gracias a una puesta en escena que consigue identificar en todo momento el punto de vista del espectador con el del protagonista, la película discurre en una especie de remolino que va arrastrando a Wanley hacia una fatalidad que se percibe como inevitable. Recurso omnipresente en toda su filmografía, Lang sugiere esa fatalidad mediante la imagen de la lluvia (o del agua, en cualquiera de sus manifestaciones posibles). Así, mientras Wayne toma una copa en el apartamento de Alice, vemos en un plano exterior con lluvia la llegada del amante de ésta, escena que va a desembocar en la pelea entre los dos hombres y el asesinato del amante por parte de Wayne en defensa propia. Poco después, Wayne se lleva el cadáver del amante en su coche observado por Alice detrás de una ventana salpicada por la lluvia (fotograma 3).
 
La fatalidad y, en palabras del director, “la lucha contra el destino” justamente son otros dos temas básicos en la obra de Lang. Lógicamente, la combinación de estas dos ideas explica que la práctica totalidad de sus películas tengan un desenlace “infeliz” para sus protagonistas (lo que le convierte en uno de los directores más ferozmente pesimistas de su generación, y también en uno de los más incómodos para los grandes estudios).  
 
Curiosamente, y aunque pudiera parecer lo contrario, esto es así también en The woman in the window: no son pocos los que critican la pirueta argumental del final, en la que toda la historia queda reducida a un sueño de Wayne, apuntando incluso que pudiera ser impuesto por la productora; nada más lejos de la realidad, tal como explica el propio Lang en su célebre libro-entrevista con Peter Bogdanovich.  En primer lugar, hay un sinfín de elementos a lo largo de la película que justifican y dan sentido a su giro final (elementos y recursos que, aun estando presentes en todo el film, sólo son percibidos de manera consciente “a posteriori”, lo que habla de la enorme habilidad de Lang a la hora de utilizarlos) y que, por consiguiente, invalidan por completo la idea del “final impuesto”: además de un sutil pero inequívoco tono onírico que impregna la mayoría de las imágenes, esto se hace evidente en la secuencia en el club social al inicio de la película (la conversación de Wayne con sus amigos induce inevitablemente al personaje a soñar lo que sueña), o el magnífico guiño argumental por el cual Wayne reconoce a los protagonistas de su sueño en los personajes reales (y cotidianos) con los que se tropieza al abandonar el club al final de la película (fotograma 4).
 
Pero, como se ha dicho, lo que en un visionado poco atento puede entenderse esta vez  como un forzado e inusual final feliz, se erige en el fondo como el más irónico de los desenlaces posibles en consonancia con la idea de la fatalidad del destino en Lang: si “lo deseado” por el protagonista se encarna mediante el personaje de Alice, ¿qué peor fatalidad que ubicar ese objeto de deseo en el inalcanzable reino de los sueños? (un sueño angustiante en algunos momentos pero deseable en muchos otros). Así, como la inmensa mayoría de los personajes languianos, pero esta vez además con una corrosiva carga irónica añadida, el final de The woman in the window supone una vez más el inexorable triunfo del destino en las más fatal de sus posibilidades: al despertar de su sueño, Richard Wanley acabará condenado a seguir viviendo su monótona, gris y aburrida existencia.
 
David Vericat
© cinema esencial (noviembre 2013)
 
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VÍDEOS: 
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Película completa (V.O.I)