cine bélico

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El tren

Si John Frankenheimer puede considerarse uno de los máximos representantes de la generación de directores surgidos de la televisión en la década de los sesenta (junto a Sidney Lumet o Arthur Penn, este último, de hecho, director inicial del título que nos ocupa, despedido tras el primer día de rodaje por un Lancaster descontento con el tono intimista que pretendía dar a la película), es sin duda gracias a obras como El tren, excelente exponente de un cine que, sin rehuir las temáticas sociales o de carácter político (más bien abordándolas de manera preminente), no oculta su vocación popular con una puesta en escena completamente al servicio de la acción y en la que cualquier dilación de la trama principal parece absolutamente fuera de lugar.

Director:
John Frankenheimer

El nacimiento de una nación

¿Se puede admirar un film con un discurso abiertamente racista, en el que la mayor parte de los negros son presentados como seres ociosos e ignorantes, cuando no directamente como mezquinos y delincuentes, y cuyos héroes son nada más y nada menos que los fundadores del Ku Klux Klan?

Director:
David W. Griffith

Sin novedad en el frente

En el plano inicial de Sin novedad en el frente vemos un destacamento del ejército alemán desfilando por la calle principal de una población desde el interior de una vivienda; seguidamente, la misma escena nos es mostrada a través de los ventanales de una escuela, mientras escuchamos a un viejo profesor arengando a sus estudiantes sobre la necesidad de ir a combatir en el frente de guerra (“Dulce y apropiado es morir por la patria”). La guerra es vista como un espectáculo glorioso desde la seguridad de los edificios en la retaguardia y los jóvenes, contagiados por el exaltado discurso del profesor, salen de la escuela para dirigirse eufóricos al centro de alistamiento. Es el triunfo de lo bélico sobre la vida civil, materializado en la imagen del aula vacía mientras en el exterior la multitud vitorea a los soldados

Director:
Lewis Milestone

La gran guerra

El paso de unas botas militares sobre el barro, el rancho de comida en una enorme olla, un cuchillo cortando una hogaza de pan, una cantimplora llenándose de agua, unas manos que lían un cigarrillo con los restos de varias colillas, otras escribiendo una carta de despedida o zurciendo un botón...

Director:
Mario Monicelli

Fuego en la llanura

Frente de Filipinas, en el ocaso de la Segunda Guerra Mundial. El ejército japonés se bate en retirada ante el avance de las tropas norteamericanas. La agónica situación de las fuerzas niponas toma forma en la figura del soldado Tamura (Eiji Funakoshi), un combatiente enfermo de tuberculosis obligado a vagar por un territorio devastado por la violencia al no ser aceptado ni en su propio destacamento ni en el precario hospital militar de la zona.

Director:
Kon Ichikawa

La ley de la hospitalidad

Segundo largometraje (aquí en codirección con John G. Blystone) tras Las tres edades (también de 1923), La ley de la hospitalidad es la primera gran obra de Buster Keaton, un film de ritmo trepidante y repleto de ingeniosos gags que combinan una puesta en escena eficacísima con el habitual despliegue físico de su protagonista en muchas de sus secuencias (especialmente  en la parte final de la película).
 

Director:
Buster Keaton

Underground

1 de Junio de 1995. El jurado del Festival de Cannes, presidido por la actriz Jeanne Moureau, anuncia la Palma de Oro para Undeground (la segunda de Emir Kusturica, tras la obtenida con Papá está en viaje de negocios en 1989). Al día siguiente, el filósofo Alain Finkielkraut arremete en un artículo en Le Monde contra la decisión del jurado acusándole de reconocer a un “ilustrador servil lleno de estereotipos criminales y clichés”, y promocionando así “la versión más falsa, posmoderna y americanizada de la propaganda serbia filmada en Belgrado”.

Director:
Emir Kusturica

El gran desfile

Admitámoslo abiertamente: dejando de lado el género de la comedia (por su natural vocación transgresora), hay grandes clásicos del cine mudo que, aun teniendo un incuestionable valor artístico, pueden provocar una digestión un tanto pesada al revisarlos un siglo después de su gestación o que requieren, cuando menos, de un ejercicio de contextualización (en cuanto a las conveniencias y normas morales de la época en que fueron creados, por ejemplo) como paso previo y necesario para su pleno disfrute.

Director:
King Vidor