Carta de una desconocida

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Carta de una desconocida
Director:
Max Ophüls

Título Original: Letter from an Unknown Woman / Año: 1948 /  País: Estados Unidos / Productora: Rampart Productions / Universal Pictures / Duración: 86 min. / Formato: B/N - 1.37:1
Guión: Howard Koch (Novela: Stefan Zweig) / Fotografía: Franz Planer / Música: Daniele Amfitheatrof
Reparto:  Joan Fontaine, Louis Jourdan, Mady Christians, Marcel Journet, Art Smith, Carol Yorke
Fecha estreno: 28/04/1948 (NY)

He encontrado una nueva excusa para no ir demasiado a menudo al cine: si se trata de una película de un director al que admiro, ya puedo imaginarla sin verla; cuando conoces bien el estilo de un director, no tienes necesidad, por así decirlo, de ver su película, de tan bien que puedes imaginarla. En cuanto a los que trabajan mal, puedes igualmente imaginar sus películas sin verlas
Max Ophuls
 
Carta de una desconocida es una de las mejores muestras del estilo cinematográfico de Max Ophüls: el predominio de la toma larga, un elegantísimo y nada gratuito uso de los planos con grúa, la utilización de la banda sonora como elemento dramático (aquí especialmente, gracias al recurso de convertir al escritor de la novela de Zweig en un virtuoso pianista) y, sobre todo, una especial atención por el retrato de complejos personajes femeninos, son alguna de las constantes de la filmografía del director que alcanzan con esta obra su máxima expresión. Es por ello que, aun debiendo considerar las palabras de Ophüls como una pura provocación en forma de boutade, es fácil deducir de su razonamiento una reivindicación del estilo como huella irrenunciable del autor cinematográfico, un estilo que el propio realizador persiguió incansablemente a lo largo de toda su filmografía, convirtiéndole en uno de los directores más personales y elegantes de mediados del siglo XX.
 
Dividida en tres bloques claramente diferenciados (el enamoramiento, el idilio y la separación), Carta de una desconocida relata la dramática historia de amor no correspondido por parte de la joven Lisa (una extraordinaria Joan Fontaine) hacia el músico Stefan (Louis Jourdan). Una historia de amor que nace con la llegada de Stefan al vecindario en el que vive Lisa, que inmediatamente queda cautivada (incluso antes de conocerle físicamente) por la música que la joven escucha desde el exterior del apartamento del pianista. Poco después, Ophüls nos muestra el primer encuentro de los dos personajes con un espléndido recurso que va a permanecer como una especie de leiv-motiv asociado al personaje de Lisa durante toda la película: extrañada por la interrupción de la música, la joven corre hacia la entrada del edificio justo en el momento en que Stefan desciende las escaleras. Cuando éste abre la puerta para salir del edificio, Lisa queda literalmente atrapada tras los cristales de la misma, observando ruborizada a Stefan, que le devuelve una mirada divertida (fotograma 1). Esta imagen de Lisa observando (casi siempre en secreto) a Stefan tras una puerta o ventana se convierte para el autor en el elegante símbolo del amor no correspondido que describe la película (la segunda vez que vemos “Lisa tras la ventana” es en una imagen igualmente magistral: encaramada a la escalera frente a la puerta del apartamento de Stefan, la joven abre un pequeño ventanal para escuchar mejor las notas del piano e inmediatamente su pelo es mecido por el aire… o por la música que invade el espacio - fotograma 2).
 
Toda la primera parte está dominada por hermosos planos con grúa que siguen las constantes subidas y bajadas de Lisa por la escalera que asciende hasta el apartamento de Stefan, en un magistral ejemplo de puesta en escena al servicio del momento dramático, aquí dominado por la efusión de los sentimientos de la joven protagonista. Sentimientos que se ven drásticamente truncados con el matrimonio de la madre de Lisa y la consiguiente partida de la familia de Viena a la ciudad de Linz.
 
En el arranque del segundo bloque, la cámara de Ophüls nos muestra el frustrado noviazgo de Lisa con un joven militar mediante largos travellings que siguen el paseo de la pareja por las calles de Linz, en fuerte contraste con los dinámicos movimientos con grúa de la primera parte de la película. Obrando en consecuencia con sus sentimientos, Lisa rechaza al pretendiente que le habían buscado sus progenitores y regresa a Viena en busca de su secreto amado.
 
Tras establecerse de nuevo en la ciudad, llegamos al momento del reencuentro de Lisa con Stefan, una secuencia con la que Ophüls muestra de nuevo su enorme dominio de la puesta en escena: prácticamente agazapada en una esquina, Lisa observa la entrada del apartamento de Stefan; unos músicos callejeros tocan una melodía mientras los transeúntes caminan sin hacer caso de la joven; de repente, Stefan pasa también por delante de la protagonista sin reparar en ella, hasta que se detiene para dar una moneda a los músicos y, al alzar la mirada, se fija en Lisa; la cámara pasa a un primer plano de Stefan que observa fascinado a la joven y seguidamente a un travelling de seguimiento del personaje acercándose a Lisa, que le observa turbada (fotograma 3). Es una secuencia extremamente sencilla, pero que consigue expresar de manera magistral los sentimientos de ambos personajes en este momento crucial (la extraña atracción de Stefan hacia Lisa y el estremecimiento de ésta ante el reconocimiento de su amado).
 
El fugaz idilio de la pareja es mostrado como si de una representación se tratara (eso es, ni más ni menos, para el inconsciente Stefan, incapaz de comprender sus propios sentimientos). Así lo vemos en el plano de los dos personajes cenando tras unas cortinas a modo de telón teatral (reforzando la idea de escenificación) y, de manera más evidente, en la hermosa secuencia de la pareja en la atracción del ferrocarril, en el que el paisaje pintado de los distintos países desfila por la ventana a gusto de los pasajeros. Cuando la atracción les lleva a las montañas de Suiza, Lisa le pregunta a Stefan “Después de escalar una montaña, ¿qué se hace?”, a lo que el músico le responde impasible: “Pues se desciende, por supuesto”, en una reacción que pone en evidencia las diferentes expectativas de uno y otro personaje con respecto a su relación. Así, en la culminación de su breve idilio, Lisa corona su montaña particular subiendo junto a Stefan la misma escalera por la que tantas veces vio ascender al músico con sus amantes.
 
Pero, después de ascender una montaña, ¿qué se hace? Se desciende. Abandonada por Stefan, con un hijo de ambos y casada posteriormente, Lisa se reencuentra con su amado diez años después, en la tercera parte de la película. Pero el músico es ya un ser corroído, incapaz de reconocer a la que tanto le ha amado, y de la que ya no volverá a saber nada hasta recibir esa carta de una desconocida, escrita desde el lecho de muerte (fotograma 4). Una carta de alguien que amó desesperadamente a un ser que nunca supo amar ni ser amado y que, por tanto, nunca vivió.
 
David Vericat
© cinema esencial (noviembre 2013)
 
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VÍDEOS: 
Trailer (V.O.I.)

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Obra cumbre del melodrama estadounidense y de la Hª del Cine. Sensibilidad y romanticismo en estado puro. Una obra maestra para la cultura del S. XX.