El cochecito

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El cochecito
Director:
Marco Ferreri

Título Original: El cochecito / Año: 1960 / País: España / Productora: Films 59 / Duración: 86 min. / Formato: BN - 1.37:1
Guión: Rafael Azcona, Marco Ferreri / Fotografía: Juan Julio Baena / Música: Miguel Asins Arbó
Reparto: José Isbert, Pedro Porcel, María Luisa Ponte, José Luis López Vázquez, Antonio Riquelme, José Álvarez, Chus Lampreave
Fecha estreno: 03/11/1960 (Barcelona)

Llegado a España como representante comercial de los objetivos Totalscope (la versión italiana de los Cinemascope americanos), y después de rodar su ópera prima Los chicos (1959), Marco Ferreri conoce al escritor Rafael Azcona, con quien inmediatamente colabora para llevar a la pantalla dos de sus novelas: El Pisito (1959), y la presente El cochecito, ostentando el honor de inaugurar la filmografía del que habrá de ser uno de los más brillantes guionistas de la cinematografía española (“Escribo guiones porque me resulta más fácil que escribir novelas", confesó en una ocasión el co-autor de obras maestras como Placido o El verdugo).

 

Ya en estos dos títulos aparece una de las señas de identidad del mejor Azcona: su cáustica visión de una sociedad que, sometida al yugo de una larga dictadura, acabó por mostrar su rostro más mezquino y miserable como poco edificante método de supervivencia ante el omnipresente poder opresor. Esto es evidente tanto en los protagonistas de El pisito (ese miserable oficinista que, apremiado por su eterna prometida, accede a pedir en matrimonio a su viejísima casera para así poder tener derecho a permanecer en el piso una vez viudo) como en la mayor parte de los personajes de El cochecito: negra tragicomedia en la que el viejo Don Anselmo (José Isbert) suspira por poder escapar de la opresión familiar a caballo de un flamante motocarro como el que posee su tullido amigo Don Lucas (Lepe).

 

En manos de Ferreri, no en vano heredero de la corriente neorrealista italiana, el guion de Azcona se plasma en imágenes que bañan el corrosivo humor con un descarnado realismo que retrata la precaria situación (material, pero también moral) de la sociedad de clase media en la España franquista de principios de los sesenta: pisos patera (magistral el travelling de seguimiento de Don Anselmo a lo largo de la vivienda de Don Lucas, en la secuencia inicial, en el que pasamos por una tienda para adentrarnos en la vivienda en la que llegamos a ver incluso… una vaca en una de sus estancias! – fotograma 1), escasez alimentaria, falta de trabajo, pésima cobertura sanitaria, corrupción generalizada… Una situación con la que los personajes lidian a base de trapicheos que se saltan cualquier premisa ética a fin de poder subsistir en el marasmo de mediocridad general imperante. Pocos personajes salen airosos de este planteamiento: ni los familiares de Don Anselmo (el hijo, Carlos - Pedro Porcel -, instalado como procurador en la casa paterna junto a su esposa, Matilde - María Luisa Ponte -, obsesionada por conseguir para su hija Yolanda - Chus Lampreave - las alhajas de su difunta suegra); ni el interesado pretendiente de Yolanda, Alvarito (José Luis López Vázquez), empleado a su vez del propio Carlos; ni el grupo de tullidos con los que Don Anselmo pasa su tiempo libre (buena parte de los cuales menosprecia al protagonista por su condición de diferente); ni el ortopedista que trata de aprovecharse de la obsesión de Don Anselmo para hacer negocio a su costa; ni el oportunista Álvarez (Ángel Álvarez), el cuidador un disminuido psíquico de familia rica a cuya costa vive a cuerpo de rey su empleado.

 

“Usted lo que tiene que hacer es comprarse un chisme de esos y entrar en la pandilla”, le espeta Don Lucas al protagonista durante una de las salidas del grupo de tullidos (la imagen del grupo en sus motocarros, cual ángeles del infierno en versión cañí, es realmente hilarante – fotograma 2). Y así, Don Anselmo empieza su pantomima nada más regresar a casa, simulando un terrible dolor de piernas para conseguir su propio motocarro, ante el recelo e indiferencia de sus familiares, lo que llevará al protagonista a empeñar las alhajas de su difunta esposa para poder pagar por su cuenta la entrada de su ansiado cochecito (en la secuencia de su primera visita al ortopedista, otra subversiva andanada de Azcona y Ferreri contra los valores del sistema con el episodio del sufrido padre solicitando una bota ortopédica blanca para la primera comunión de su hijo minusválido – fotograma 3).

 

La entrega del motocarro provoca la catarsis: menospreciado e insultado por su propia familia (más preocupada, por supuesto, por la pérdida de las ansiadas alhajas que por el estado mental del protagonista), y conminado a devolver el vehículo, Don Anselmo agarra un enorme botellón de veneno y vierte el contenido del mismo en el caldero de la cocina, antes de coger un fajo de billetes del despacho de su hijo y huir a lomos de su motocarro.

 

El desenlace de la película es uno de los ejemplos más flagrantes de la acción de la censura en la España del franquismo: mientras que en el guion original Don Anselmo observaba desde el exterior de su vivienda cómo eran evacuados los cadáveres de sus familiares (una secuencia que Ferreri llegó a rodar aun a sabiendas de que no podría incluirse en el montaje final), en la versión finalmente estrenada se incluye una absurda secuencia en la que, respondiendo a una llamada telefónica del protagonista, los miembros de la familia le piden que regrese entre llantos, prometiéndole su perdón (en la imagen vemos a los familiares sentados con la cazuela de comida y el frasco de veneno en la mesa, dando a entender que se han salvado de la catástrofe).

 

Sí quedó en la versión final de la película el último plano en el que vemos a Don Anselmo huyendo en su motocarro por una carretera solitaria hasta que es detenido por una pareja de guardias civiles y obligado a dar media vuelta para: regresar a su hogar (en la versión censurada) / ingresar en prisión (en la versión original; tal como Ferreri dejó claramente expuesto en la frase final del protagonista que la censura no llegó a suprimir: “me dejaran tener el cochecito en la cárcel?" – fotograma 4).

 

David Vericat
© cinema esencial (agosto 2016)

 

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