El grito

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El grito
Director:
Michelangelo Antonioni

Título Original: Il grito / Año: 1957 / País: Italia / Productora: SpA Cinematografica, Robert Alexander Productions / Duración: 116 min. / Formato: BN- 1.33:1
Guión: Michelangelo Antonioni / Fotografía: Gianni Di Venanzo / Música: Giovanni Fusco
Reparto: Steve Cochran, Alida Valli, Betsy Blair, Gabriella Pallotta, Dorian Gray, Lynn Shaw, Mirna Girardi
Fecha estreno: 14/07/1957 (Locarno Film Festival)

Quinto largometraje en la filmografía de Antonioni, El grito supone un punto de inflexión entre las primeras obras de estilo todavía balbuciente y la etapa de madurez iniciada con la célebre trilogía de la incomunicación (La aventura, La noche y El eclipse), en la que el director afianza su discurso de tono explícitamente existencialista para reflejar la complejidad de las relaciones humanas en la sociedad contemporánea. Sin embargo, esta condición de obra de transición no resta desde mi punto de vista ningún valor al film de Antonioni; antes al contrario: siendo una obra que contiene ya buena parte de las inquietudes temáticas del director, su estilo directo, de innegables influencias neorrealistas (resulta tentador pensar en el personaje de Zampano de La Strada como lejano referente del protagonista de El grito), alejan a la película del tono afectado que lastrará algunos de sus posteriores trabajos y la sitúan, para mi gusto, como una de sus obras más personales y al mismo tiempo más emotivas.
 
El film se inicia con la ruptura de Irma (Alida Valli) y Aldo (Steve Cochran), tras siete años de relación extramatrimonial, justamente después de la notificación de la muerte del marido de Irma, emigrado a Sidney desde muchos años atrás. Incapaz de comprender ni asumir la decisión de Irma, Aldo abandona su trabajo y el pueblo, llevándose consigo a la hija de ambos, Rosina (Mirna Girardi), e iniciando un periplo que le llevará a entablar diversas y efímeras relaciones con distintas mujeres con las que compartirá su sentimiento de marginación y desasosiego.
 
La primera secuencia entre Aldo e Irma (después de tener noticia del fallecimiento del esposo y antes de que ella le confiese su deseo de romper su relación) contiene ya dos de los elementos que van a marcar de manera evidente la puesta en escena de toda la película: por un lado, una planificación en la que los personajes (Aldo y las sucesivas mujeres con las que intentará relacionarse) ejecutarán entre ellos constantes movimientos de acercamiento y alejamiento (persiguiéndose, separándose, buscándose o dándose la espalda, pero pocas veces en actitud de reposo) tanto en el plano de la imagen como en el fuera de campo; y en segundo lugar, la omnipresente imagen de una puerta o ventana como elemento separador entre los personajes, tal como vemos ya en dos momentos de esta primera secuencia (primero entre Aldo e Irma – fotograma 1 - y poco después entre la pequeña Rosina y la pareja). Una imagen (símbolo evidente de aislamiento e incomunicación) que se repetirá hasta el paroxismo para convertirse en verdadero leitmotiv de toda la película (los planos en los que Aldo observa o es observado por los personajes femeninos a través de una puerta o ventana son incontables, como veremos más adelante).
 
“Mira que hermosa se ve Goriano. Parece como si todo el mundo fuese feliz”, exclama el conductor del carruaje que transporta a Aldo y a Rosina ante la imagen del pueblo inundado bajo la niebla que están a punto de abandonar. Una niebla que será otro elemento omnipresente en el inhóspito paisaje industrial en el que deambulará el protagonista a la búsqueda de trabajo y hogar, y que Antonioni aprovecha de manera magistral para reflejar la carestía emocional que atenaza a todos y cada uno de los personajes; seres aislados en un universo extraño y hostil, de parajes abandonados o semiderruidos que anticipan las inhumanizadas formas urbanas de El eclipse (sobrecogedora, en este aspecto, la escena de la pequeña Rosina caminando atemorizada entre un grupo de enfermos mentales con el que se cruzan en el camino – fotograma 2).
 
El vació emocional se refleja así mediante un progresivo aislamiento físico que se hará evidente en la sucesión de escenarios en los que Aldo se encuentra con las distintas mujeres con las que intenta relacionarse. Primero, en la vieja casa en la que viven Elvia (Betsy Blair), una antigua novia a quien el protagonista recurre para tratar de olvidar a Irma, junto a su hermana Edera (Gabriella Pallotta): una modesta vivienda en un colonia obrera situada a la orilla de un río a las afueras de la población. Seguidamente (tras la partida sin aviso del protagonista de casa de Elvia), en la solitaria gasolinera regentada por Virginia (Dorian Gray), a la que Aldo y Rosina llegan como polizontes en un camión de carga y en la que el protagonista se establecerá por unos días como amante de la joven viuda (en una nueva relación que Antonioni muestra desde un principio abocada al fracaso: véase el plano de Virginia, en el interior de la vivienda, observando a través de la puerta a Aldo en el exterior; o la secuencia en la que la Rosina sorprende a la pareja a punto de hacer el amor en el descampado de una zona industrial, de una sordidez casi insoportable – fotograma 3). Y finalmente (tras una nueva huida del protagonista – ahora ya en solitario, después de enviar a Rosina de regreso junto a su madre), en los tres escenarios en los que tendrá lugar su encuentro con la prostituta Andreina (Lynn Shaw): la barraca en la que vive la joven (a quien Aldo descubre en el momento de izar una bandera como señuelo para ser atendida por el médico ambulante); la mísera choza en la que Aldo se refugia de los carabinieri; y, en el terreno ya de la plena abstracción simbólica, el paisaje prácticamente desértico en el que los dos personajes intentan en vano comunicarse (fotograma 4 - “¿Qué clase de historia es esta? ¿Cómo termina? ¡No la entiendo!”, se lamenta impotente Andreina después de escuchar a Aldo recordando en voz alta el día en que conoció a Irma).
 
Aldo es ya un ser vacío y exhausto y su única opción es el regreso. Como si Antonioni rebobinara la historia a cámara rápida, las imágenes muestran al protagonista recorriendo a la inversa el trayecto de su peregrinaje original: la vieja carretera, la solitaria gasolinera, las afueras de Goriano, la vivienda de Irma (a quien Aldo contempla a través de la ventana con un bebé en brazos – fotograma 5) y, finalmente, la inmensa estructura metálica de la fábrica a la que el protagonista se encarama y desde la que caerá finalmente al vacío.
 
David Vericat
© cinema esencial (febrero 2016)
 
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