Laura

Laura
Director:

Título Original: Laura / Año: 1944 /  País: Estados Unidos / Productora: 20th Century Fox / Duración: 88 min. / Formato: B/N - 1.37:1
Guión: Jay Dratler, Samuel Hoffenstein, Betty Reinhardt (Novela: Vera Caspary) / Fotografía: Joseph LaShelle / Música: David Raksin
Reparto:  Gene Tierney, Dana Andrews, Clifton Webb, Judith Anderson, Vincent Price, Dorothy Adams
Fecha de estreno: 11/10/1944 (NY)

“Jamás olvidaré el fin de semana en que murió Laura. Un sol plateado ardía en el cielo como una enorme lupa. Fue el domingo más caluroso que recuerdo. Me sentía como si fuera el único ser humano que quedaba en Nueva York. Porque me sentí solo cuando murió Laura. Yo, Waldo Lydecker, fui el único que la conoció de veras”
 
Con esta voz en off arranca un film considerado casi unánimemente como una de las obras maestras del género negro, una valoración que uno tiene la tentación de atribuir en buena parte al misterioso influjo del retrato de su protagonista, seguramente uno de los más bellos rostros de la historia del cinematógrafo, fotografiado aquí de forma extraordinaria por la cámara de Joseph LaShelle. Y es que, siendo ciertamente una magnífica película, el sexto largometraje de Otto Preminger presenta desde mi punto de vista algunos puntos débiles que lo sitúan por debajo de los grandes films noir de la época (pienso en las mejores aportaciones al género de Walsh, Hawks, Lang y Tourneur, principalmente), cuando no de posteriores trabajos del mismo Preminger, como la magnífica y fatalista Cara de Ángel (1952).
 
A partir de la llegada del detective McPherson (Dana Andrews) a la vivienda de Waldo Lydecker (Clifton Webb) para investigar el supuesto asesinato de Laura Hunt (Gene Tierney), el film se estructura en una serie de encuentros entre el detective y los principales sospechosos del crimen: el propio Lydecker, una especie de Pigmalión perdida y trágicamente enamorado de la protagonista; Shelby Carpenter (Vincent Price), un joven vividor que estaba a punto de casarse con Laura; y Ann Treadwell (Judith Anderson), una tia de la víctima enamorada a su vez de Carpenter. El problema, para mi gusto, es justamente la manera en que el guion fuerza la reunión casi permanente de todos los personajes, a modo de un poco verosímil séquito que acompaña constantemente al detective en su investigación, cuando no simplemente se opta por hacer aparecer a los personajes en el momento “que se les necesita” en una escena determinada (fotograma 1).
 
De hecho, siendo un film en el que conviven claramente secuencias de género detectivesco (más que policíaco) con otras de tono mucho más próximo al romanticismo, es evidente que los mayores logros de la película se encuentran en los momentos que relatan la irresistible atracción que ejerce el personaje de Laura sobre el detective McPherson. Una atracción que surge a partir del retrato que preside el salón de la vivienda de la joven y que se intensifica hasta el paroxismo a medida que el detective va descubriendo el lado más íntimo de Laura, como vemos en la secuencia (sin duda una de las mejores del film) en la que McPherson deambula por la vivienda deteniendo su atención en algunos de los objetos más personales de la víctima (sus cartas, su diario, pero también algunas de sus prendas íntimas o un frasco de perfume, que el detective no puede evitar aspirar extasiado – fotograma 2). Una escena que, sin dejar de ser magnífica en sí misma, resulta un tanto forzada en su inicio al aparecer en el film sin que previamente hayamos sido plenamente conscientes del proceso de fascinación de McPherson por el personaje de Laura. Significativamente, Preminger utiliza un recurso “de guion” para explicar mediante el diálogo lo que hasta ese momento no hemos percibido claramente a través de las imágenes: “Vaya con cuidado McPherson, o acabará en un pabellón psiquiátrico. No creo que se hayan encontrado aún con un paciente enamorado de un cadáver”, le advierte Waldo Lydecker al protagonista en una de las “espontáneas” apariciones del personaje en el lugar del crimen.
 
A partir de este momento, y después del golpe de efecto que supone el regreso de la protagonista a la que McPherson daba por muerta (secuencia que Preminger plantea magistralmente para resolverla, para mi gusto, de modo un tanto decepcionante: después de un efectivo travelling de acercamiento y alejamiento sobre el detective dormido en el sillón – encuadrando al principio y al final a Mcpherson con el retrato de Laura al fondo – fotograma 3 - Preminger pasa por corte a un plano general de la protagonista entrando en la estancia; una planificación que mitiga de forma ostensible el impacto que la escena hubiera podido tener si la imagen hubiera sido desde el punto de vista del detective al despertarse), después de inesperado giro de guion, en todo caso, el interés del film se centra ya de manera casi exclusiva en el proceso de enamoramiento del detective, mucho más interesado en averiguar los verdaderos sentimientos de la protagonista que en esclarecer el crimen acontecido en el apartamento de la joven. Una muestra de ello es la espléndida secuencia del interrogatorio final, después de que McPherson se lleve detenida a Laura (como una estratagema en realidad  para hacer creer al resto de sospechosos que ya no corren ningún peligro): Preminger filma (esta vez sí) la escena con la intensidad propia de una declaración de amor (McPherson, en un momento del interrogatorio, se muestra incluso incapaz de aguantar la mirada de una Laura cuyo rostro está intensamente iluminado por el foco policial – fotograma 4) que culminará con el detective exigiendo a la acusada que le confiese si está realmente enamorada de Shelby Carpenter, a lo que, tras la negativa de la protagonista (“no sé cómo podría estarlo”) McPherson no puede evitar reaccionar con una mueca de evidente satisfacción.
 
Sería un poco exagerado afirmar que la respuesta de Laura es todo lo que le interesaba saber al detective McPherson, pero no cabe duda de que la misteriosa belleza de la protagonista consigue extasiar no únicamente al detective o al pedante Waldo Lydecker, sino también al público y, en última instancia, al mismísimo Otto Preminger.
 
David Vericat
© cinema esencial (marzo 2014)

VÍDEOS: 
Trailer (V.O.I.)
puntuación: 
8

Comentarios

Una crítica excelente. Que bella G Tierney y que ojos tan bellos. Podrías hacer una crítica de "Que el cielo la juzgue" Saludos

Muchas gracias, Víctor. Excelente también la de Stahl. Sin duda la tendremos en algun momento en la página ;-)

magistral pelicula. La musica acompaña en forma sorpredente - digna de otto preminger

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