Mi noche con Maud (Cuentos morales, III)

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Mi noche con Maud
Director:

Título Original: Ma nuit chez Maud / Año: 1969 /  País: Francia / Productora: Les Films du Losange / Duración: 105 min. / Formato: BN - 1.33:1
Guión: Éric Rohmer /  Fotografía: Néstor Almendros
Reparto:Jean-Louis Trintignant, Françoise Fabian, Marie-Christine Barrault, Antoine Vitez, Leonid Kogan
Fecha estreno: 15/05/1969 (Cannes Film Festival)

Ma nuit chez Maud se rueda en 1969, primera película de Rohmer tras la primavera del 68, aquel movimiento que invocó la ruptura y la libertad y terminó devorado por sus propias ambiciones, convirtiendo en verdaderos burgueses de nuevo cuño a la mayoría de sus ideólogos y partícipes. En 1968 el cine francés también participó activamente del movimiento social, en febrero se destituyó a Langlois como director de la Cinematheque por diferencias con el ministro de cultura, Malraux, y se produce la primera revuelta cinematográfica pre-mayo del 68, no sólo los directores franceses boicotean la Cinematheque, sino que directores de la talla de Lang, Hitchcock, Losey, Kurosawa, Hawks o Dreyer prohíben la exhibición de sus películas en la misma. Posteriormente, durante el festival de Cannes del mes de mayo, los cineastas instan al boicot del mismo en solidaridad con los estudiantes y obreros que han salido a las calles en Paris, y tras este periodo cultural y socialmente convulso se rueda Ma nuit chez Maud.
 
No es lo mismo pasar una noche con Maud que pasarla en casa de Maud, y es que la traducción española del título conduce a la confusión, parece más cercana e íntima de lo que en realidad es esa noche. Las interpretaciones mayoritarias de la película hablan de la prueba de fuego que para Jean-Louis (Jean-Louis Trintignant) supone superar la noche con Maud sin aprovechar la aventura sexual que se le propone, reafirmando así una especie de combate moral en el que habría salido vencedor pues su castidad no habría sucumbido en aras de mantener una vida cristiana. Personalmente creo que lo que la película retrata es al arquetipo del hipócrita revestido de falso moralista.
 
Reducido, el argumento de la película trata de la vida anodina de un ingeniero de la Michelin en una ciudad de provincias mortecina, asfixiante y bastante mojigata como Clermont Ferrand. En sus visitas a la iglesia, un día vislumbra un rostro que le seduce (fotograma 1), una mujer rubia a la que sigue por las calles de la ciudad hasta que la pierde de vista. Casualmente se encuentra con un viejo conocido, Vidal (Antoine Vitez), profesor de filosofía con el que entabla una conversación en la que repasan el historial de seductor de Jean-Louis, mezclado con la vida de castidad reciente del mismo y su teoría de la probabilidad matemática de alcanzar una satisfacción infinita apostando a una posibilidad real si ésta se cumple, apuesta que sabemos que es la de encontrar a la rubia católica, pero que también sirve para reafirmar su creencia en Dios, pues siendo mínima la posibilidad de obtener la esperanza matemática de la revelación, la gracia, la ganancia que se conseguiría, sería infinita.
 
El amigo Vidal decide poner a prueba a Jean-Louis, llevándole a casa de otra amiga, Maud, de la que él mismo está enamorado pero de la que sabe que no puede esperar más correspondencia que la de una noche de amor ya pasada y, conociendo a Maud, intuye que ésta querrá tener una aventura con Jean-Louis. Maud (Françoise Fabian) representa lo contrario que evoca y repite Jean-Louis: es hedonista, liberal, atea, admite la idea de amor libre si éste no causa daño a nadie, está divorciada y ha sido engañada por su marido con el que mantiene una buena relación; y entabla una noche de seducción destinada a intentar acostarse con Jean-Louis.
 
Vidal abandona la vivienda tras preparar el terreno y ambos quedan solos, en una habitación dormitorio en la que él viene obligado a pasar la noche, con Maud en la cama y desnuda, invitándole a compartir el lecho, y Jean-Louis resistiéndose patéticamente a disfrutar de lo que es evidente que desea (fotograma 2). En un plano bellísimo (no en balde la fotografía es de Néstor Almendros) Maud, cuando cree que Jean-Louis será capaz de pasar la noche en el sillón y envuelto en una manta, le susurra “toooonto” (fotograma 3). Jean-Louis acaba metiéndose en la cama de Maud pero manteniéndose prudentemente alejado de la tentación.
 
A primera hora de la mañana, Maud se abraza a Jean-Louis, y cuando él parece que va a ceder a la atracción que siente por ella, se aparta bruscamente, a lo que Maud reacciona de manera expeditiva invitándole a abandonar su piso (“No me gustan las personas que no saben lo que quieren”).
 
A partir de ese momento el Jean-Louis frío y distante parece liberarse de una carga y empezará a tratar a Maud con naturalidad, complicidad, humor, como si ahora quisiera seducirla. Ese mismo día vuelve a encontrar a la rubia católica, Françoise (Marie-Christine Barrault), a la que se atreve a abordar en la calle y proponerle una cita. Horas después, en una excursión al monte nevado, Jean-Louis no dudará en abrazar y besar a Maud, pese a que sabe que ha conseguido acercarse a su verdadero objetivo (fotograma 4) . Paseando por la ciudad con Françoise, al encontrarse casualmente con Vidal, el cruce de miradas entre éste y Françoise evidencia que hay una historia oculta, no se sabe si entre ellos o no, pero Françoise prefiere no hablar de ello. Finalmente ella le confesará a Jean-Louis que tenía un amante, un hombre casado, de tal manera que Jean-Louis ve su icono de la rubia católica roto por el mismo pecado del que él trataba de huir.
 
En un plano de belleza extraordinaria la película concluye, cinco años después de esta semana, con unas vacaciones en la playa donde el ya matrimonio de Jean-Louis y Françoise se encuentran con una Maud libre, alegre, radiante en sus problemas sentimentales (fotograma 4). Françoise vuelve a mirar con los mismos ojos con los que miró a Vidal en Clermont Ferrand, baja la mirada y prefiere dejar solos a los dos no-amantes. Maud nada dice de lo que ella sabe, y es después, en la arena, sentados Jean-Louis y Françoise, cuando aquél entiende y comprende que su mujer era la amante del marido de Maud. El círculo se ha cerrado y Jean François no ha ganado. “Mejor no hablemos más de ello”, le dice Françoise.
 
Película sin artificios, con personajes hablando de filosofía, de moral, de religión, de relaciones. Imágenes desnudas, sin música que cree ningún ambiente. En la representación de un Jean-Louis fatalista e hipócrita, como bien le dice Maud a lo largo de esa noche tan personal (“es usted un poco tonto a veces”), se evidencia que no tiene nada claro lo que va a hacer, aunque sostenga verbalmente lo contrario, algo que se aprecia perfectamente en cómo coloca sus brazos y sus manos, protegiéndose de sus acompañantes (fotograma 5). Se le ve nervioso e inseguro, casi siempre dejando espacio físico entre él y Maud (“¿tiene miedo de usted o de mí?”), porque en el fondo, como dice Maud, Jean-Louis es “un cristiano vergonzoso que no asume sus responsabilidades”. No hace las cosas por convencimiento, sino por apuesta. Aburrido y hastiado de sí mismo ha hecho una apuesta a todo o nada, y no está dispuesto a perderla a las primeras de cambio.
 
Pasada la noche en la casa de Maud, el protagonista revela otra imagen: no duda en decirle a Françoise que él no tiene principios, que hay que saltárselos para saber si merece la pena; pero todo es una pose, un cálculo de probabilidades pascaliano vertido al mundo del enamoramiento. Ha apostado por una cosa pero desearía otra, y en el fondo se comporta hipócritamente. Quizás sólo él lo advierta porque los demás no conocen su verdadera forma de pensar y de vivir, pero su moralidad queda por los suelos, una vez tras otra, porque su moral proviene del cálculo de probabilidades de ganar una apuesta. No actúa por verdaderos principios morales, sino por posibilidades de obtener lo que quiere, que no es una vida cristiana, sino la apariencia de una vida cristiana.
 
En esa noche de Clermont Ferrand sólo hay una persona que progresa moralmente, Maud, que es quien actúa bajo los verdaderos dictados de su conciencia, con la libertad que ella ha escogido con independencia de los resultados futuros, sin apuestas matemáticas, salvo la de vivir. Que viva Maud.
 
Miguel Martín
© cinema esencial (abril 2019)
(Reseña original en noshacemosuncineenorion.blogspot.com)
 
Puntuación de Miguel Martín: 9

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puntuación: 
8

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