cine sueco

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El tesoro de Arne

De entre las muchas peculiaridades de una película como El tesoro de Arne, una de las más destacables es sin duda alguna el carácter malévolo del héroe de la historia, el noble escocés Sir Archie (Richard Lund), quien, junto a sus dos compañeros de fuga, Sir Philip (Erik Stocklassa) y Sir Donald (Bror Berger), cometerán en el segundo acto de la película una atroz masacre en la vivienda del párroco Arne (Hjalmar Selander) para robar el preciado tesoro que éste posee.

Director:
Mauritz Stiller

La carreta fantasma

Si hay un hecho que ha motivado que La carreta fantasma sea algo más conocida entre el aficionado medio que muchas otras obras de la época del cine mudo, éste es sin duda el del homenaje que en su día le realizara Stanley Kubrick en la secuencia más celebrada de El resplandor (The Shining, 1980).

Director:
Victor Sjöström

Persona

En Persona subyace la malicia. Los cuerpos inertes, inocuos, si adquieren movimiento vital se precipitan al combate. El cuerpo muerto no es misterioso a no ser que su imagen sea recibida y tratada por un receptor (fotograma 1). Si el cuerpo es vivo su imagen tenderá a sociabilizarse y, en Persona, la resistencia a ello que va a oponer la paciente Elizabeth Vogler (Liv Ullmann) se irá ramificando en la interacción personal con su enfermera Alma (Bibi Andersson).

Director:

El manantial de la doncella

El manantial de la doncella se abre con la imagen de Ingeri (Gunnel Lindblom) avivando el fuego para preparar el desayuno en la granja de Töre (Max von Sydow). Con la hoguera encendida, y tras la irrupción de los primeros rayos de sol en la estancia, la joven invoca a Odín, el dios pagano, mientras que en la alcoba de Töre, la esposa Marëta (Birgitta Valberg) reza ante la imagen del Cristo en la cruz y hace penitencia vertiendo sobre sus muñecas la cera caliente de un cirio.
 

Director:

La brujería a través de los tiempos

Resulta cuando menos insólito que una obra como La brujería a través de los tiempos sea la película más cara de la historia del cine mudo escandinavo (producido por Svensk Film, el filme tuvo un coste final de cerca de dos millones de coronas), no tanto por su temática sino, sobre todo, por el formato propuesto por su director, Benjamin Christensen, abordando el tema de la brujería desde una visión muy próxima al cine documental.

Director:
Benjamin Christensen

El séptimo sello

Si hay una imagen en la historia del cinematógrafo que exprese la búsqueda a una respuesta sobre la existencia de Dios, ésta es para mí la del caballero Antonius Block (Max von Sydow) mirando fijamente a los ojos de la condenada por brujería (Maud Hansson), a punto de morir quemada en la hoguera (fotograma 1). Ante la ausencia total de cualquier rastro del Dios por el que ha combatido durante diez años en Tierra Santa, el extenuado combatiente intenta hallar algún indicio del mismo a través de la figura del diablo (“Quiero verle y preguntarle por Dios. Él sabe más que nadie y me revelará”), pero su desesperado gesto es en vano: “Lo único que veo es el horror que paraliza tus pupilas. Nada más”, declara contrariado ante el rostro aterrorizado de la joven.

Director:

Un verano con Mónica

En 1931 Tabú de Murnau estableció la referencia insuperable para un subgénero cinematográfico que tendría después una amplia descendencia: las historias de parejas a las que la fuerza del primer amor empuja a recluirse en sí mismas, fuera de la sociedad o en conflicto violento con ella. A esta corriente se adscribe Un verano con Monika, que mantiene la oposición entre la naturaleza y la ciudad, entre el día y la noche, característica de la película de Murnau, así como la proximidad del mar (aunque con diferentes connotaciones, de amenaza y liberación respectivamente).

Director: