El tesoro de Arne

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Director:
Mauritz Stiller

Título Original: Herr Arnes pengar / Año: 1919 / País: Suecia / Productora: Svenska Biografteatern AB / Duración: 109 min. / Formato: B/N - 1.33:1
Guión: Gustaf Molander, Mauritz Stiller (Novela: Selma Lagerlöf) / Fotografía: Julius Jaenzon / Música: Fredrik Emilson
Reparto: Mary Johnson, Richard Lund, Hjalmar Selander, Erik Stocklassa, Bror Berger, Axel Nilsson, Wanda Rothgardt, Gösta Gustafson, Gustav Aronson
Fecha de estreno: 18/09/1919

De entre las muchas peculiaridades de una película como El tesoro de Arne, una de las más destacables es sin duda alguna el carácter malévolo del héroe de la historia, el noble escocés Sir Archie (Richard Lund), quien, junto a sus dos compañeros de fuga, Sir Philip (Erik Stocklassa) y Sir Donald (Bror Berger), cometerán en el segundo acto de la película una atroz masacre en la vivienda del párroco Arne (Hjalmar Selander) para robar el preciado tesoro que éste posee. Una peculiaridad que cabe en todo caso atribuir a la autora de la novela en que se basa el guión del propio Mauritz Stiller y Gustaf Molander, Selma Lagerlöf, célebre por ser la primera mujer en obtener el Nobel de Literatura en 1909.

 

Glosemos con un poco de detalle el argumento de la película: durante el reinado de Johan III en Suecia, un grupo de mercenarios escoceses es escoltado hasta la frontera acusado de conspirar contra el monarca, mientras que sus oficiales (los tres nobles mencionados) son encerrados en la torre de una fortificación. Tras conseguir huir de su cautiverio, los tres nobles llegan famélicos y agotados a una pequeña granja y, aprovechando que en ella sólo hay la mujer de la casa, beben y comen hasta caer borrachos y extenuados. Poco después, a la llegada del granjero, éste aprovecha el estado ebrio de los tres malhechores para echarlos de su granja. Todavía borrachos, los tres escoceses se alejan del lugar y asaltan la vivienda de Sir Arne, asesinando a toda su familia excepto a su hija adoptiva, Elsalill (Mary Johnson), que logra escapar de la matanza, y huyendo seguidamente con un enorme cofre repleto de monedas de plata que Sir Arne había obtenido saqueando los monasterios de la región y sobre el que pesa una maldición según la cual el tesoro “traerá la desgracia a quien lo posea”. Tras perder trineo y caballo bajo el hielo, los tres escoceses son dados por muertos por sus perseguidores y consiguen pasar desapercibidos confundiéndose entre el resto de mercenarios que esperan que el barco que les ha de llevar a su tierra quede liberado del hielo en el que está embarrancado para poder zarpar. Durante la espera, Sir Archie se reencuentra con Elsalill (que ha sido acogida por el vendedor de pescado Torarin - Axel Nilsson) y cae enamorado de ella, un sentimiento que será correspondido por la joven sin que ésta reconozca en su amado a uno de los autores de la matanza de su familia. Cuando finalmente Elsalill descubre la identidad de Sir Archie (por mediación de la fantasmal intervención en sueños de su hermanastra muerta), se debate entre delatar o proteger a su amado, pero finalmente acabará por denunciarle ante las autoridades  (de forma casi involuntaria) y seguidamente correrá a intentar avisarle para que pueda escapar. En una nueva acción infame, Sir Archie utilizará a Elsalill como escudo humano ante los soldados que intentan apresarle, provocando la muerte de la joven. Después de refugiarse en el barco junto a sus dos compinches, el capitán ordena desembarcar a los tres escoceses a quienes responsabiliza del maleficio que retiene al navío aprisionado entre el hielo. Una vez fuera del navío, son apresados por los soldados suecos mientras una comitiva de mujeres acoge el cadáver de Elsalill y se lo lleva en una majestuosa y solemne procesión fúnebre. Poco después, el hielo empieza de resquebrajarse y finalmente el barco puede zarpar.

 

Como vemos, el comportamiento de Sir Archie está marcado por dos acciones absolutamente despreciables y, si bien la primera de ellas puede explicarse mínimamente por la embriaguez del protagonista, la que provocará la muerte de Elsalill es quizá la que más claramente deja al descubierto la vileza del personaje. Pero curiosamente, el resto de personajes que aparecen en la película no quedan mucho mejor parados; no ya los dos camaradas de Sir Archie (de los que, es cierto, Stiller marca un claro y progresivo distanciamiento por parte de éste, tanto a través de las acciones – mostrando un arrepentimiento que sus compañeros no dejan entrever en ningún momento – como de la planificación de las tomas – a partir de un cierto momento se nos muestra casi siempre a Archie en un plano separado de sus dos compinches), sino también de otros personajes como el de Sir Arne (que se había hecho poseedor de su tesoro saqueando los monasterios de la zona) o, si se me apura, el del granjero que muestra un escaso espíritu hospitalario al echar sin contemplaciones a los tres escoceses de su granja, exponiéndolos a las inclemencias del frío invernal.

 

Frente a esta colección de personajes negativos destaca por contraposición la bondad de la joven Elsalill, a quien vemos siempre ataviada con un radiante vestido blanco que contrasta con las ropas negras de Sir Archie y del resto de personajes (fotograma 1). Desde que descubre la identidad de Sir Archie, Elsalill se debate en una feroz lucha interna entre sus sentimientos hacia el noble escocés y el deber de denunciarle ante las autoridades para vengar la muerte de su familia, algo que Stiller plasma de manera magistral en la secuencia en la que Sir Archie pide en matrimonio a la joven, con unos repetidos movimientos de acercamiento y distanciamiento de Elsallil respecto de su amado. Hay un evidente simbolismo que identifica a la joven Elsalli como la mártir inocente que sacrificará su vida para vengar la muerte de su familia y, a su vez, romper el maleficio que mantenía el navío atrapado en el hielo impidiendo la partida de los mercenarios escoceses. En este sentido, el plano final de las aguas del mar abierto libres del hielo plasma la idea de liberación como consecuencia del sacrificio de Elsalli.

 

Otro aspecto muy destacable es la presencia de lo sobrenatural a lo largo de toda la película, casi siempre a través de imágenes o señales premonitorias: el perro de Torvarin aullando antes de que el pescador tome rumbo a la vivienda de Arne; la visión por parte de la esposa de éste de los tres escoceses afilando sus cuchillos poco antes que acometan la masacre (fotograma 2); la imagen de la silueta negra de Arne alejándose del navío sobre el paisaje helado, vista por el capitán del buque que empieza a sospechar del maleficio que les mantiene atrapados en el hielo (fotograma 3); la escena en la que Sir Archie cree tener en su mano un mechón de pelo de Berghild (Wanda Rothgardt), la fallecida hermanastra de Elsalli (por efecto de los rayos de sol que entran por una ventana); y, por supuesto, la aparición en sueños del espíritu de la misma Berghild para conducir a Elsalli al lugar en el que habrá de descubrir la identidad de Sir Archie (fotograma 4).

 

Pero si hay un momento que destaca especialmente en esta extraordinaria película, ese no es otro que el de las imágenes finales de la procesión fúnebre que transporta el cadáver de Elsalli sobre la inmensidad del paisaje helado (fotograma 5). Éstas y el plano final del mar abierto (fotograma 6) provocan en el espectador una suerte de catarsis liberadora que hacen de El tesoro de Arne una obra absolutamente excepcional y emocionante de la que tomarían buena nota algunos de los grandes nombres de la historia del cinematógrafo, como Dreyer o Eisenstein, quien recreó la secuencia final en la primera parte de su díptico sobre Ivan el Terrible (1944).

 

David Vericat
© cinema esencial (junio 2019)