rebeldes

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Taxi Driver

El taxi emerge cubierto de humo y vapor en la noche neoyorquina (fotograma 1). Es una aparición fantasmal, irreal en lo contundente de su imagen, y así mismo inesperada en lo factible de su presencia. Dentro hay un hombre solo, y no importa que con él viaje algún pasajero, no hay nadie más allí que Travis Bickle y su enorme pena. “La soledad me ha perseguido siempre. A todas partes. En los bares y en los automóviles, calles, tiendas… en todas partes. No tengo escapatoria. Soy el hombre solitario de Dios”, nos confiesa en un monologo.

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Rebelde sin causa

Si en la espléndida Johnny Guitar, rodada justo un año antes, Nicholas Ray nos ofrecía un western de marcado tono operístico, se podría calificar a Rebelde sin causa como una historia de bandas urbanas en clave de gran musical: el formato scope, determinante para una puesta en escena de tomas largas y dinámicas coreografías dentro del plano, la expresiva utilización de los colores tan característica en Ray (curiosamente, en un film concebido inicialmente en blanco y negro), y la potencia de

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