El buscavidas

hustler 1
Director:

Título Original: The hustler / Año: 1961 / País: USA / Productora: 20th Century Fox / Duración: 135 min. / Formato: BN - 2.35:1
Guión: Robert Rossen, Sidney Carroll (Novela: Walter Tevis) / Fotografía: Eugene Shuftan/ Música: Kenyon Hopkins
Reparto: Paul Newman, Jackie Gleason, George C. Scott, Piper Laurie, Myron McCormick, Murray Hamilton, Vincent Gardenia, Michael Constantine
Fecha estreno: 25/09/1961 (Washington, D.C.)

No hay en la historia del cinematógrafo ninguna otra película con gestos como los de El buscavidas. El de Eddie Felson (Paul Newman) acariciando el tapete de una mesa de billar (fotograma 1) a su llegada al local en el que reina Minnesota Fats (Jackie Gleason) para retarle en duelo (“Viene a esta sala de billar cada noche a las ocho en punto. Quédate aquí, él te encontrará”). El del cliente que, cuando va a salir del local (el reloj justo a las ocho en punto), abre las puertas de par en par para ceder el paso a Minnesota Fats. El gordo oteando el horizonte mientras se desprende con elegancia de su americana y, tras aceptar el reto de Eddie, secándose las manos con parsimonia antes de iniciar la partida. El primer golpe de Eddie, dejando una jugada imposible para el turno de Fats (“No le he dejado mucho”, señala Eddie desafiante;  “Lo suficiente”, responde el gordo confiado) y la mirada asombrada del aspirante (poco preocupado por el curso de la partida) ante los certeros golpes de Minnesota (“Fíjate como se mueve, parece un bailarín”, le señala fascinado a su socio, Charlie - Myron McCormick - “Y esos dedos, ¡como si estuviera tocando el violín!”). O, poco después, el del gordo golpeando con su taco en el suelo en señal de reconocimiento por una jugada de su oponente.
 
Los gestos definiendo el carácter. El de Eddie, tras más de veinte horas de partida, doblegado en la silla (fotograma 2), mientras Minnesota se peina con expresión impoluta frente al espejo (“Tiene más carácter Fats en un dedo que tú en todo el cuerpo”, le espetará el mafioso Bert Gordon - George C. Scott – a Eddie tras su derrota). La mirada de Fats y Bert hacia Eddie, tras negarse por enésima vez a dar por finalizada la partida hasta que su oponente reconozca la derrota (“El juego se acaba cuando lo diga Fats”), como la de dos matarifes a punto de ejecutar a su inconsciente presa (“Sigue jugando con el chaval, es un perdedor”, sentencia Bert ante el gordo)…  y el fiel Charlie sosteniendo los despojos de Eddie en el suelo, finalmente derrotado por el inmaculado Fats tras veinticinco horas de juego.
 
Ninguna otra historia de amor narrada con gestos y miradas como la de Eddie y la frágil Sarah (Piper Laurie): la de ella, ahogando en alcohol su soledad en la cafetería de una estación de autobuses, observando a Eddie mientras guarda sus escasas pertenencias en una consigna; la de él, después de mirarla desde la barra, sentándose en la mesa contigua para entablar una primera conversación (“¿A qué hora sale su autobús?”, “A las ocho… Eso no nos da mucho tiempo”, “Tiene razón. Hola y adiós”) y descubriendo con sorpresa el frágil caminar de Sarah  cuando se dispone a acompañarla a su apartamento (“No pasa nada. No estoy borracha, sino coja”). Y ya en el rellano de la escalera, la mano de Eddie sobre el hombro de Sarah (y ella desconcertada: “¿Por qué yo?” – fotograma 3), y el beso violento como única respuesta (y ella sobresaltada: “¡Estás demasiado hambriento!”). Y, tras la primera separación, el reencuentro de las dos almas solitarias en la misma cafetería: Sarah acercándose con paso quebradizo a la mesa en la que se encuentra Eddie (fotograma 4) y los dos mirándose en silencio durante un instante eterno hasta que Eddie se levanta y se marchan abrazados.
 
Y el gesto desconsolado de Sarah, una lágrima en la mejilla, mientras escucha a Eddie denigrando a Charlie, que intenta convencerle para volver al circuito (“Túmbate a morir solo. No me lleves contigo”), y expresando su obsesión por volver a enfrentarse al gordo de Minnesota. O el de Eddie, con los pulgares rotos por una paliza tras intentar ganar algún dinero en un tugurio de mala muerte, tratando en vano de desabrocharse un botón de la camisa y, tras una primera reacción de rechazo, dejándose finalmente ayudar por Sarah (fotograma 5) y fundiéndose con ella en un abrazo. Y la absorta mirada de Sarah a Eddie, mientras éste consigue por fin expresar su pasión (“Cualquier cosa puede ser fantástica. Poner ladrillos puede ser fantástico si sabes lo que haces y por qué, y puedes conseguir que funcione. Cuando estoy en racha me siento como se debe sentir un jinete en su caballo, con todo es poder y velocidad. Es una sensación fantástica, cuando lo haces bien y lo sabes. De pronto, el taco de billar forma parte de mí. Es un trozo de madera con nervios. Sientes las bolas rodar. No tienes que mirar, simplemente lo sabes. Haces jugadas que nunca antes se habían hecho. Y juegas al billar como nunca antes se había jugado”); y de derrota, cuando Eddie le anuncia que va a volver al circuito de la mano del mafioso Bert Gordon.
 
Los ojos brillantes de Eddie frente al cartel luminoso de un salón de billares; y el gesto triunfal de Bert Gordon cuando Eddie rechaza el ruego de Sarah para que deje de actuar bajo la voluntad del del mafioso (“No le supliques. ¿No ves el fondo de todo esto? ¿No ves el significado?”).
 
Y Eddie, poco después, postrado ante el cuerpo inerte de Sarah…
 
Y de nuevo ante Minnesota Fat, para jugar la que será su última partida, ante la mirada expectante del mafioso Bert (“Tenias razón: no basta con tener talento, hay que tener carácter. Y desde luego, ahora tengo carácter… Lo encontré en un hotel de Louisville”). Y, tras la victoria final (por fin las ansiadas palabras de Fats: “Lo dejo Eddie. No puedo ganarte”), una última mirada de mutuo reconocimiento (“Fats, juegas muy bien al billar”) y un último gesto del gordo levantando su copa en honor a su contrincante (“Tú también, Eddie”), antes de que Eddie abandone para siempre una sala de billar (fotograma 7).
 
David Vericat
© cinema esencial (julio 2016)

VÍDEOS: 
Trailer (V.O.I.)
puntuación: 
10

Comentarios

Buenas Tardes. Leyendo esta magnífica reseña, me parecía estar viendo por enésima vez " El Buscavidas " ... Vaya por delante que el Film es una de mis cintas Favoritas de todos los tiempos, por lo cual pensé sacarle punta a la primera oportunidad que me diera... Pues no, el artículo corto y contundente, siempre al Grano, me pareció Sobresaliente. La reseña va directamente a la Película, desgranandola con precisión de bisturí, señalando frases y fotogramas Imprescindibles. Pelicula de Gestos, es una adjetivación perfecta, y una gran entrada para la posterior narracion de la reseña ... En definitiva me ha encantado leer este pequeño artículo, que me ha dejado un gratisimo sabor de boca. Puedo decir, sin afán de criticar en absoluto que hay un pasaje (que a mi me encanta) que podría tener cabida en la reseña: El enfrentamiento de Eddie al villar Español o Francés, que empieza perdiendo, para desesperación de su "Socio" y al que al final se alza con una victoria aplastante, al grito de Puedo Ganarle, estoy seguro que puedo ganarle, tengo que acostumbrarme a este juego... confía en mi, suplica Eddie, una partida más, sólo una partida más y lo ganaré . Sólo me queda agradecer a David su magnífica labor sobre una Película que se puede escribir una Tesis entera, y que el resumió de manera magistral .

Muchas gracias por tu valoración! Sí, la escena que mencionas es igualmente memorable

Añadir nuevo comentario