Luna nueva

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Luna nueva
Director:
Howard Hawks

Título Original: His Girl Friday / Año: 1940 / País: Estados Unidos / Productora: Columbia Pictures / Duración: 92 min. / Formato: B/N - 1.37:1
Guión: Charles Lederer (Obra: Ben Hecht & Charles MacArthur) / Fotografía: Joseph Walker / Música: Morris Stoloff
Reparto: Cary Grant, Rosalind Russell, Ralph Bellamy, Gene Lockhart, Porter Hall, Ernest Truex, Cliff Edwards, Clarence Kolb, Roscoe Karns, Frank Jenks, Regis Toomey, Abner Biberman, Frank Orth, John Qualen, Helen Mack, Alma Kruger, Billy Gilbert, Pat West, Edwin Maxwell
Fecha de estreno: 11/01/1940 (NY)

“Todo esto ocurrió en le época oscura del periodismo, cuando un reportero a la caza de la noticia era capaz hasta de justificar el asesinato. Naturalmente lo que se ve en esta película no tiene ninguna relación con los periodistas de hoy. ¿Listos? Bueno, pues érase una vez…”
 
Segunda de las cuatro adaptaciones cinematográficas de la obra original de Ben Hecht y Charles MacArthur (entre las estimables Un gran reportaje, de Lewis Milestone – 1931 – y Primera plana, de Billy Wilder – 1974 -, a las que seguiría la prescindible Interferencias, de Ted Kotcheff – 1988), Luna Nueva es sin lugar a dudas la más brillante de todas, gracias fundamentalmente a cuatro factores determinantes:
 
1- La transmutación del periodista masculino Hildy Johnson (Pat O’Brien, en la versión de Milestone) en un personaje femenino (Rosalind Russell), para más inri recién divorciada del director del periódico para el que trabaja, Walter Burns (Cary Grant), lo que añade a la historia una hilarante subtrama de guerra de sexos ausente en el texto original (habla Hawks: “Estábamos cenando una noche en casa, seis u ocho personas, y estábamos hablando sobre los diálogos. Yo decía que los mejores diálogos actuales del mundo eran los de Hecht y MacArthur. Tenía dos copias de su obra Primera Plana, Había allí una chica que era bastante buena y le dije, ‘lee el papel del periodista y yo leeré el del director’. Y cuando llevábamos la mitad dije, ‘¡Dios mío, es mejor si lo lee una chica!”).
 
2- La importancia en la trama original del escenario laboral (en esta ocasión la redacción de un periódico) como marco y motivación principal de las acciones de los personajes, uno de los temas fundamentales de la filmografía de Hawks, lo cual facilitó que el director (desde siempre muy intervencionista en el proceso de elaboración de los guiones de sus películas) hiciera suyo el proyecto con absoluta naturalidad.
 
3- El ritmo desenfrenado de todas las secuencias, a partir de dos recursos fundamentales:

  • La supeditación de los diálogos a la acción. Algo especialmente meritorio teniendo en cuenta el origen teatral del guion y la brillantez de todas las réplicas, y que Hawks consigue gracias a su excepcional concepción de lo cinematográfico, tal como explica el propio director: “Antes que nada me interesa la acción, y después las palabras que dicen. Si quiero que algo suceda deprisa, no puedo hacer que un hombre se detenga y lea la frase que viene después. Quiero que entre corriendo gritando algo. Tengo que cambiar cosas para que se ajusten a la acción porque, al fin y al cabo, es una película” (1).
  • La yuxtaposición de los diálogos para obtener una mayor sensación de velocidad. De nuevo, en palabras de Hawks: “Todo lo que hace falta es un poco de trabajo extra en el diálogo. Pones unas cuantas palabras delante del párrafo de alguien, y unas cuantas al final, y pueden superponerlas. Da una sensación de rapidez que no existe en realidad. He hecho esto en muchas películas pero empezamos con ésta”.

 
4- Las excelentes interpretaciones de los dos protagonistas, Russel y Grant, arropados por un magnífico elenco de secundarios: empezando por Ralph Bellamy (interpretando a Bruce Baldwin, el sufrido pretendiente de Hildy y blanco del sarcasmo más salvaje de Walter), pasando por el condenado Earl Williams (John Qualen), el mezquino Sheriff Hartwell (Gene Lockhart), el ingenuo Joe Pettibone (Billy Gilbert) y hasta el último de los cínicos corresponsales que habitan la sala de prensa de la audiencia.
 
Con estos ingredientes, añadidos al corrosivo retrato de las clases política y periodística del texto original, Hawks construye una de las grandes obras de la screwball comedy, además de uno de las más implacables críticas a la corrupción ejercida desde cualquier ámbito de poder (político o mediático, en este caso) que nos ha dado el cinematógrafo.
 
“Un pobre hombre que pierde el empleo y al mismo tiempo pierde la cabeza y mata a un policía que acude para tranquilizarle. Le van a ahorcar mañana. Porque el policía era negro, y ya sabes lo que significa… Sobre todo habiendo elecciones dentro de unos días”, le explica Walter a Bruce para ponerle al corriente del ‘caso Williams’ (que su periódico ha tomado como bandera contra la corrupción de la clase política), a lo que Hildy añade impertérrita: “El alcalde ahorcaría a su abuela con tal de salir reelegido” (fotograma 1). Pero no será éste el principal argumento que utilizará el manipulador Walter para convencer a Hildy de que posponga su renuncia al periodismo (y su boda con Bruce) para cubrir el caso, sino precisamente el de apelar a la irresistible atracción que la profesión ejerce sobre la periodista (“Podrás casarte si quieres, pero no podrás abandonar el periodismo. Te conozco Hildy, eso te mataría”).
 
A partir de este momento, el film se desarrolla casi en su totalidad en la atiborrada sala de prensa de la audiencia, en donde Hildy quedará literalmente retenida por culpa de las constantes maquinaciones de Walter (provocando los sucesivos arrestos por posesión de dinero falso y alteración del orden del pusilánime Bruce) hasta que se produce la fuga del condenado Williams, punto de inflexión a partir del cual la película adquiere un ritmo absolutamente desenfrenado (que Hawks controla de manera magistral).
 
Tres momentos a reseñar entre los muchos memorables de esta parte final del film:
 
1- Hildy, conversando al teléfono simultáneamente con Walter (para contarle que tiene al fugado Williams escondido en la sala de prensa) y con Bruce (al que intenta en vano convencer de la necesidad de quedarse a cubrir la noticia), con la cámara siguiendo al personaje de un teléfono al otro, en un rapidísimo movimiento de panorámica en vaivén (evidenciando la encrucijada vital en la que se encuentra el personaje – fotograma 2)
 
2- El Sheriff Hartwell y el alcalde (Clarence Kolb) intentando sobornar a Joe Pettibone, el cándido emisario que les ha de entregar la misiva del gobernador ordenando la suspensión de la ejecución de Williams (“¿Te das cuenta de que hay 200.000 votos inseguros y que si no ahorcamos a Williams los vamos a perder?”, le espeta el alcalde a Hartwell para justificar su acción; “¡Lo ahorcaremos!”, responde el sheriff sin ningún escrúpulo – fotograma 3)
 
3- La escena final con la heterodoxa declaración de amor entre los protagonistas: Hildy llorando emocionada cuando interpreta que Walter ha provocado un nuevo arresto de Bruce para evitar que se case con éste (“Creí que ya no me querías”), y Walter pidiéndole en matrimonio a través de una llamada a la redacción, y posponiendo en el último momento la luna de miel a causa de la noticia de una gran huelga en Albany que el periódico debe cubrir (fotograma 4). Al fin y al cabo, el trabajo siempre es lo más importante en las películas de Hawks.
 
(1): Todas las citas de esta reseña están extraídas del libro “Hawks según Hawks”, de Joseph McBride
 
David Vericat
© cinema esencial (julio 2014)
 
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VÍDEOS: 
Trailer (V.O.I.)