comedia

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El moderno Sherlock Holmes

Que el de la comedia es un género muy serio es un hecho palpable desde los inicios del cinematógrafo, cuando los hermanos Lumière deciden pasar de sus primeras cintas documentales (tras la fundacional La salida de los obreros de la fábrica, 1985) al cine de ficción precisamente con un título de género cómico (El regador regado, 1895), si no la primera, sí la más popular entre las primeras películas de ficción de la historia del cine.
 

Director:

Luna nueva

“Todo esto ocurrió en le época oscura del periodismo, cuando un reportero a la caza de la noticia era capaz hasta de justificar el asesinato. Naturalmente lo que se ve en esta película no tiene ninguna relación con los periodistas de hoy. ¿Listos? Bueno, pues érase una vez…”
 

Director:

Historias de Filadelfia

“Cuando la Metro Goldwyn Mayer compró los derechos de Historias de Filadelfia grabaron una de las funciones con la idea de descubrir dónde se producían las risas. Cuando la película estuvo terminada la comparamos con esa grabación y descubrimos que las risas se producían en otros momentos. En el teatro toda la comedia descansaba sobre la agudeza de Phil Barry, pero en el cine una gran parte era visual, se trataba de gestos, reacciones y cosas así. Por eso me gusta dejar que la comedia suceda en la pantalla”
George Cukor
 

Director:

Las tres noches de Eva

Resulta curioso constatar cómo las dos primeras grandes comedias de la no muy prolífica carrera de Preston Sturges como director (catorce largometrajes), Las tres noches de Eva y Los viajes de Sullivan (ambas de 1941), comparten un cierto tono melancólico que las aleja en cierta medida de los grandes títulos del screwball (incluidos los siguientes trabajos del propio Sturges, de ritmo y situaciones mucho más vertiginosas).

Director:

El terror de las chicas

Tipificar los films de Jerry Lewis como “cómicos” es pernicioso: origina la ansiedad de la risa, que puede no aparecer, o hacerlo de manera forzada en el espectador. El estigma del personaje de Jerry Lewis como clown “idiota” (“cuando dirijo, hago de padre; cuando escribo, hago de hombre; cuando actúo, hago el idiota”) cultiva una mirada unidireccional hacia sus películas que consolida un imaginario colectivo desacertado del que se resiente su cine.

Director:

Uno, dos, tres

1961. Las tensiones de la Guerra Fría están empezando a tomar “velocidad de crucero”, un contexto en el cual el cine, siempre atento a recoger y llevar a la pantalla las temáticas más en sintonía con las preocupaciones globales (taquilla manda), apunta a géneros (el terror de corte fantástico-apocalíptico, o el suspense de espionaje) lindantes con tales terrenos. Pero hace falta mucha personalidad (aún tardarían llegar los tiempos en que todo era desmitificable y sometible a ironías y sarcasmos sin dar lugar a escándalos serios) para someter esa temática a un tratamiento cómico. ¿Problema?

Director:

El cochecito

Llegado a España como representante comercial de los objetivos Totalscope (la versión italiana de los Cinemascope americanos), y después de rodar su ópera prima Los chicos (1959), Marco Ferreri conoce al escritor Rafael Azcona, con quien inmediatamente colabora para llevar a la pantalla dos de sus novelas: El Pisito (1959), y la presente El cochecito, ostentando el honor de inaugurar la filmografía del que habrá de ser uno de los más brillantes guionistas de la cinematografía española (“Escribo guiones porque me resulta más fácil que escribir novelas", confesó en

Director:
Marco Ferreri